jueves, 15 de marzo de 2012

Ahora la información es Amarilla.

Por  Jhoan Fernando Calderón  Bayona

Es difícil encontrar un medio de comunicación que pueda brindar a la persona la confianza de leer, oír o ver algún tipo de noticia, sin que éste quede impactado con el sensacionalismo con el que están bañados los medios de comunicación hoy en día. 
Hace unos días, se repartieron unos periódicos en un municipio cercano.  Este periódico fue creado por un estudiante de Comunicación Social y Periodismo de Octavo semestre de la Universidad Pontificia Bolivariana. Dicho periódico era dirigido a una provincia llena de historia y donde la gente grita que quiere cultura y que sea explotada en su municipio, pues señalan que otros pueblos tienen poca historia, pero que el turismo es monumental en cada época del año. A raíz de eso, se dio la idea de crear un periódico con el ánimo de resaltar todo lo que aquella gente quería expresar y aún más, cada persona de Socorro que tuviera algo por contar, narrara su historia y de este modo hiciera parte de un espacio que esperaba la participación de la mayoría de la comunidad. Lo más sorprendente de todo, es que las personas al tomar el periódico, lo criticaban; no por su tamaño de un cuarto y con tan solo dos folios, ocho páginas, sino que se preguntaban entre ellos: “¿y el muerto? ¿No trae vieja empelota? ¿Dónde está el horóscopo? ¿Cultura? ¡No gracias!”
Más que por un rechazo a un trabajo personal, el vendedor se preguntaba: ¿Para qué se estudia una carrera profesional cuando la gente no le tiene aprecio a un trabajo bien hecho? ¿Hace falta que ese periódico incursione como muchos otros lo hacen hoy en día, donde un color ”amarillo” sea la bandera representativa de sus noticias?
El término “amarillista” es un concepto usado hoy en día por los críticos de los medios y por la misma comunidad que adquiere y se alimenta de información, haciendo alarde de acontecimientos narrados, no tanto con el fin de que el público se entere de hechos y los ubique en un espacio determinado, sino que sus sensaciones se despierten de forma burda y con tan solo un título , por lo general con doble sentido, “gracioso” y corto pero preciso, acompañado de imágenes directas de sangre, cadáveres o eventos desafortunados, se genere la mayor de las ventas de un medio impreso a nivel local y nacional. Pero no por esto significa que sean los más leídos. Una cosa es que la gente lo adquiera y otra precisamente que se informen completamente por medio de ellos, pasando de ser comprados y ojeados, a una herramienta útil para limpiar vidrios o que utilicen el recorte de la mujer con poca ropa, para decorar un taller de mecánica.
A todo esto me pregunto ¿a la gente qué le gusta ver en la prensa? ¿ acaso lo adquieren para mostrar a sus vecinos el amigo (a), esposo (a) cualquier tipo de familiar o conocido, donde un medio lo convierte en payaso de su publicación y en muchas ocasiones la noticia es arreglada para favorecer a terceros?
El periodismo como cualquier otra carrera y con más ver este oficio, debe ofrecer un compromiso social y ético a una sociedad vulnerable a cualquier tipo de información y creyente de todo cuanto se le presenta. Es por ello, que la academia infunde realizar un ejercicio profesional y responsable, contando con el empeño de toda persona que ejerza un oficio por y para la comunidad. El periodista después de todo, es la voz de una sociedad con miras a ser vistos y escuchados, ante cualquier tipo de problemática.
En estos casos, según un artículo publicado en Sala de Prensa, Web Para Profesionales de la Comunicación Iberoamericanos,  en su capítulo 1, Principios Básicos, artículo 2, señala que “El periodismo y los periodistas deben estar siempre al servicio de la verdad, la justicia, la dignidad humana, el Estado democrático, la cultura de la tolerancia, el perfeccionamiento de la sociedad y la fraternidad entre los pueblos”. 
Es de sorprenderse que en un pueblo, como lo es el colombiano, donde la mayoría de las personas izan su bandera, pues se sienten orgullosas de serlo, algunos periódicos no respeten la dignidad de las víctimas en sucesos que a su vez  los vuelven noticia, o en burla de los lectores, con una redacción escabrosa e imágenes desagradables.
Por ejemplo, un artículo publicado por un periódico local, cuyo título en color amarillo y letra mayúscula, decía: “SE “TOTIÓ” EN LA AUTOPISTA”. Quien lea un anuncio de estos, se imaginará que una persona tuvo un grave accidente y quedó totalmente despedazado o como mínimo, un fuerte golpe con el cual perdió de inmediato la vida. Leyendo el texto, lo que sucedió es que un joven que conducía una moto, chocó contra otro vehículo que lo hizo perder el equilibrio y caer sobre la vía. El joven, no sufrió más que raspaduras en sus brazos y piernas y fue llevado a una clínica cercana.
Esto es un vivo ejemplo de que una imagen vale más que mil palabras, o en este caso, un texto puede despertar cualquier tipo de curiosidad, gracias al mensaje tan sensacionalista que se evidencia allí. Llamado de esta forma, ya que al leer el texto, el hecho noticioso no se presenta tan grave como pretendería ser por su encabezado, pero acá no se busca una lectura, se busca vender; burlar la integridad de las personas, pasando por encima de ellas, con el fin de generar noticia.
Se evidencian muchos casos donde la noticia es controlada y segmentada. Esto quiere decir, que solo publican lo que por conveniencia benefician a los protagonistas o a personas terceras. El profesionalismo de un comunicador y la ética que en él debe emerger, no se puede detener en laborar para medios controladores y anarquistas, que hagan de una persona preparada, alguien que solo se limite a manipular información y carecer de fuentes que den peso  y credibilidad a su nota. Según la Ética para Periodistas “la ética periodística está construida sobre dos bases fundamentales: una es el amor y respeto por la verdad y la otra es el servicio del bien común”,  viene del ser como tal y de la persona en cuanto a su formación humana”. Pero hoy en día, puede llegar a perderse al surgir con la necesidad de surgir y responder a las básicas en la vida de una persona.
El periodismo es poco valorado, pero un profesión integral y de pasión. Como decía un viejo docente, Juan Carlos Gutiérrez: “en tus zapatos se conoce que clase de periodista eres”.
BIBLIOGRAFÍA.
  • Ética Para Periodistas: María Teresa Herrán y Javier Daría Restrepo

La niñez y el periodismo en Colombia: una búsqueda por la defensa de sus derechos

Por: Jessica Correa Hernández
En los códigos de ética de la mayoría de los países hay una premisa común para el ejercicio periodístico “informar hechos de interés público de manera veraz”. Además se coincide en  promover la responsabilidad social como lo ratifica el Código de Ética del Círculo de Periodistas de Bogotá al señalar que “el periodista es responsable del poder que le dan a su profesión y los medios que maneja; por tanto es un deber maximizar sus buenos efectos y prevenir cualquier daño atribuible a sus informaciones”[1]. Cabe resaltar, que el público al cual se deben los periodistas en cuanto a su función no tiene las mismas características, necesidades e intereses. De esta manera, existe una población infantil, adulta y de tercera edad. De allí, que el manejo que se le dé a la información en coordinación con la responsabilidad ética que debe tener es distinto para cada público.
Ahora bien, en los diferentes medios nacionales a diario se emiten noticias con información de niños y niñas involucrados en delitos y hechos aterradores, en donde se olvida la protección y promoción de los derechos de los mismos, afectando por lo tanto con la integridad y la dignidad de los menores. Cabe entonces preguntarse ¿Los medios de comunicación de Colombia velan por los intereses de la población infantil y protegen sus derechos? Y si esto no es así ¿Cómo debería ser el actuar del periodismo en el trato que se les dan a los niños y niñas en las noticias?
En el texto ‘Periodistas Pilas con la Niñez’ realizado por el Proyecto de Comunicación para la infancia y la Mujer, el Ministerio de Comunicaciones, la Fundación Antonio Restrepo Barco y Unicef se señala que una de las funciones más importantes del ejercicio periodístico es “informar para generar una cultura de protección a la niñez, que no es otra cosa que asumir una responsabilidad social”[2]. De esta manera, se hace necesario que el periodista investigue los hechos relacionados con la población infantil y se convierta no sólo en un trasmisor de una información o una noticia bomba que despierte el morbo, sino en un multiplicador de una actitud de rechazo frente a la violación de los derechos de los niños (as) y exponer la realidad en su real y total dimensión.
En Colombia, varios han sido los hechos noticiosos sobre violaciones a los derechos de los menores como secuestros, asesinatos, desplazamientos, entre otros., pero lastimosamente tan sólo han sido momentos de fiebre periodística donde se tiene una noticia bomba porque su contenido despierta subjetividades y emociones en la sociedad, pero se deja a un lado la importancia que tiene la información de este tipo de noticias para el bien común y su función fiscalizadora. Para muchos es conocido el caso de Luis Santiago, el bebé de Chía (Cundinamarca) secuestrado y asesinado por su padre en octubre del 2009 o Johanna Macías, una madre que mató a su hijo Esteban Alejandro de ocho días de nacido en Piedecuesta (Santander) en Junio de 2009. Pero para los medios de comunicación tan sólo fue una noticia que explotaron en su momento y que después de un tiempo se olvidaron de casos como estos que ocurren a diario en el país y que no son denunciados. Bien lo dice en el texto ‘Periodista pilas con la niñez’ “lo peor es que este fiebre se les pasa pronto cuando descubren un nuevo delito y dejan de ocuparse de  aquel que tanto les horrorizó”[3].
De lo anterior, se puede decir que los medios siguen, simplemente, haciendo mención del “qué, cómo, cuándo y para qué” y dejan a un lado su función de vigilancia del entorno y velar porque las normas y los derechos se cumplan a cabalidad. De esta manera, la responsabilidad social del periodista “no es solo conocer la ley, las instituciones que ella crea o las relaciones que hay entre unas y otras (leyes e instituciones), sino también vigilarlas para detectar si son simples estrategias de imagen o por el contario, si cumple un papel eficiente eficiente a favor de la niñez”[4].
En este aspecto, también se debe decir que los medios de comunicación en Colombia se limitan a presentar estadísticas sobre estos hechos que atentan contra la dignidad y la integridad de la niñez, pero presentan sin contexto esa información. Por ejemplo, son muchas las noticias que en realidad son informes sobre la niñez que se encargan sólo de decir cuántos asesinatos de menores se han presentado, porcentajes de niños sin educación, en pobreza, abusados sexualmente, maltratos, entre otros., pero no se expone las causas, los efectos y las soluciones de estos hechos. En últimas, no se fomenta, desde los medios, una cultura de protección a la niñez.
Es necesario señalar que en Colombia, la mayoría de las noticias, incluidas las relacionadas con niños (as), se centran en el negativismo de los hechos aberrantes como la violencia, los asesinatos, los secuestros y los maltratos en todas sus formas a la población infantil. De allí, que en su responsabilidad ética y social los medios de comunicación deben abordar estos temas de una forma distinta, con optimismo, presentando alternativas de cómo superar estos hechos. Por ejemplo, no centrarse solamente en el maltrato a los niños (as) y los casos que se dan, sino en la solución, cómo tratar adecuadamente a un menor. Lo anterior es entender que otra de las funciones de los medios es difundir los derechos de los niños (as). Al respecto, Martín Gárate, en el texto ‘Periodista Pilas con la Niñez’ recalca que “los medios de comunicación tienen mucho que aprender para convertirse en los que deben ser: promotores del respeto de los derechos de los niños. Así mismo, tiene que aprender a buscar el bien superior de estos a través de la búsqueda de las causas de los problemas que aquejan a ésta población y de la presión a la sociedad (incluyendo autoridades) para que las resuelvan”[5].
Seguido a lo anterior, Gárate propone que los medios de comunicación “deben ayudar a que se creen estructuras, valores y leyes adecuadas para que esos derechos sean respetados”[6]. A su vez, deben difundir de manera masiva y colaborar en educar a la sociedad en su papel protagónico en la defensa de la población infantil, donde todos los sectores sociales, económicos y políticos se comprometan con ese fin. En este aspecto, y al realizar un recorrido por, tan sólo, los titulares de noticias cobre niños (as) se puede observar el trato sensacionalista y el abuso de la ingenuidad de los menores para hacer noticias que creen impacto en las personas y así aumentar el rating y/o las ventas.
Se podría decir entonces que muchos medios de comunicación del país, al hacer lo dicho anteriormente, están violando lo que dice la Convención Internacional de los Derechos del Niño cuando dice que todo menor tiene “derecho a ser protegido de toda forma de abuso, explotación, crueldad y de todo aquello que vulnera su derecho como persona”[7]. Al respecto, Isabel Cuadros, presidenta de la Asociación Colombiana para la Defensa del Menor Maltratado, manifiesta que un error de los medios de comunicación es utilizar a los niños con propósitos comerciales y “usar la imagen de un niño que ha sufrido con el fin de atraer televidentes, radioescuchas o lectores”[8].
Por otra parte, los medios de comunicación no respetan los derechos de la niñez al no cuidar el tipo de información que transmitan y que pueden consumir los menores. Por ejemplo, cuando un medio muestra imágenes relacionadas con la violencia, la droga, el alcohol y el sexo, sin tener en cuenta que hay niños (as) consumiendo este tipo de información. Si bien es cierto que en los medios no está el total poder y autoridad para controlar esta situación, tampoco contrarrestan la emisión de este tipo de información con otra donde se difundan valores. Es en este aspecto, donde sale a relucir la ética periodística, la cual implica “un permanente aprendizaje para sopesar cuándo el derecho a tener una familia y al derecho que tienen las personas a que se les respete su dignidad cuando se convierten en noticias”[9].
Finalmente, se puede concluir que los medios de comunicación en Colombia están lejos de velar por los derechos e intereses de la niñez, debido a que no hay compromiso por la defensa de esta población y en cambio, por el interés de vender, se avalan actitudes y valores equivocados. Cabe recordar que, con respecto a la niñez, la misión de los medios de comunicación es rescatar y promulgar valores éticos. Como lo expresa lo antes mencionada Isabel Cuadros los medios “les falta más agresividad para presenta los derechos de los niños, así como la problemática que los queja con recomendaciones para salir de esa situación, pero sin caer en el sensacionalismo”[10].

[1] CÍRCULO DE PERIODISTAS DE BOGOTÁ. Código de ética. Agosto 31 de 2006. P 4
[2] HERRÁN, María Teresa; JEREZ, Constanza Ángela y FRÍAS, Amilde. Periodistas Pilas con la Niñez. Imprecar Editores. Bogotá, 1998. P 2
[3] Ibíd. P 8
[4] Ibíd.  P 18
[5] GARATE, Martín. Los medios de comunicación: responsabilidad y respeto hacia la infancia. Instituto Internacional Responsable de la Defensa de los Niños, sección Chile.
[6] Ibíd.
[7] HERRÁN, Op cit.,  P 12
[8] Ibíd. P 49
[9] Ibíd. P 6
[10] Ibíd. P 49

TELEVISIÓN: RESPONSABILIDAD SOCIAL CON LA AUDIENCIA.

POR: Ekatherine Mojica
 Desde aquel 13 de Junio de 1954, fecha en la cual es inaugurada la televisión, la vida de muchos colombianos se ha ido ligando cada vez más con el auge de este medio de transmisión y recepción de imágenes.  Es por esto, que hoy en día resulta tan importante para cualquier ciudadano sin importar su edad, sentarse frente a un televisor, dejando atrás otras actividades  de su vida cotidiana. Actualmente, se podría decir que la televisión se convierte en  un integrante más en  millones de familias colombianas.  Beatriz Rodríguez Pérez, en el texto, Una televisión que manipula, una televisión que educa, menciona que “desde  la infancia se produce esta inclusión de la televisión en nuestras vidas, la situación de poder que va adquiriendo con respecto a nosotros marca nuestra infancia, llegando a ser tan importante que condiciona en gran medida el desarrollo del proceso de socialización de nuestros niños y niñas” [1].  Por tanto, la gran relevancia en la vida de muchos individuos, hace pensar que más que tener un compromiso por vender u ofrecer un producto que busque atraer  un mayor índice de  público o audiencia, la televisión tiene un deber con el desarrollo social de toda la sociedad.
No obstante, en la actualidad frente a esa responsabilidad que tienen los medios con el público, se presenta diversidad de cuestionamientos o críticas frente a la labor de la televisión como medio de educación o solamente como proporcionador de entretenimiento. Bien podría señalarse a los productores como únicos responsables, al querer solamente vender y aumentar intereses económicos de unos cuantos. Sin embargo, el error también recaería sobre  los televidentes o la misma audiencia que permiten que sus pantallas se llenen más de publicidad que de información.
 Aun así, la falta de contenido formativo no puede ser únicamente  responsabilidad de un público a quien se le ha enseñado a tener un pensamiento fuertemente ligado al  consumismo. Por tanto, “Los máximos responsables son la familia, la escuela y los propios medios de comunicación, todos forman parte de una sociedad que se ha olvidado o no quiere enterarse de que la televisión es educativa, el salto importante es usarla de manera didáctica, porque es un agente muy importante en la socialización cultural de nuestros niños y niñas” [2]. Ahora bien y pese a lo anterior, cabría preguntarse, ¿dónde queda la labor de las entidades que velan por un mejor funcionamiento de la televisión?
La Comisión Nacional de Televisión (CNTV), que hoy se encuentra a puertas de su cierre definitivo antes de cumplir sus 20 años de existencia; “es la entidad del Estado que en materia de televisión, planea, dirige y desarrolla las políticas; regula el servicio; gestiona el uso del espectro electromagnético; garantiza los derechos de televidentes y usuarios y los fines y principios del servicio, y promueve la competencia y la eficiencia en el sector” [3]. Es por esta razón, que para muchos puede que este mecanismo se comprenda como único y relevante en el trabajo  por el deber del desarrollo de la sociedad. No obstante, hoy en día queda en entredicho esta responsabilidad por el malestar comercial que compromete a la Comisión, no sólo por los intereses económicos, sino también por las influencias políticas.
En un artículo titulado  Problemas de televisión, publicado por el Periódico El Espectador, se evidencia que desde el 2008 la Comisión Nacional ha sido blanco de fuertes críticas desarrolladas a partir de evidencias en un procedimiento erróneo. En este texto, La Controlaría General de la República señaló a partir de un documento, que antes de procurar por una licitación para un tercer canal, la Comisión debería solucionar problemas internos encausados en la parte administrativa, con gran cantidad de deudas y sanciones por la DIAN;  y de recursos humanos con inconsistencias en la contratación de empleados. “El 17% de las hojas de vida de los funcionarios de la Comisión, en muchas de ellas las personas no presentaron su tarjeta profesional o incluyeron documentos ilegibles”[4].  Sumándole a todo lo anterior,  el comprometer la programación y la responsabilidad que se tiene con el mismo público, por buscar estos  intereses.
Y es que precisamente por una búsqueda ansiosa y depredadora por  generar en el público una posición solamente consumidora;  la televisión desde sus diferentes producciones ha dejado atrás el derecho de información que constituye a todos los ciudadanos, estipulado en el artículo 20 de la Constitución Política de Colombia. Hombres, mujeres, niños y personas de la tercera edad, no sólo pueden ser catalogados como medios de consumo; a su vez, estos tienen la potestad para recibir información que les permita complementar educación y entretenimiento. Por tanto, se haría más que una necesidad, un fuerte deber, crear un contenido totalmente diferente al  que  solo busca basarse en los chismes de la vida de los famosos, realitys shows donde se genere escenas con alto contenido sexual y de morbosidad, auge de las tele-ventas,  furor de violencia y novelas dramáticas sin ningún sentido. Contenido que no sólo está generando deficiencias en la calidad de las producciones, sino también en el deterioro de costumbres, formas de pensar y de actuar de muchos televidentes. Peor aún, cuando no sólo se está ofreciendo una programación banal dirigida y producida por y para Colombianos, sino también, cuando se cae en el gravísimo y a veces absurdo error de recrear formatos internacionales para adaptarlos a un contexto colombiano.
Tal y como se mencionó al iniciar este texto, la televisión se convierte en un integrante más de la familia. Sin embargo, dada la grave crisis de contenido que hoy enfrenta las producciones colombianas y la falta de compromiso por parte de las entidades encargadas de vigilarlas, este integrante, se podría concebir casi como un enemigo destructor del núcleo familiar. Más que un instrumento para generar conciencias y llevar información oportuna y relevante para todo tipo de público, la televisión se ha convertido únicamente en un medio para transformar las mentes de los receptores y llevarlos a satisfacer los intereses de quienes lo utilizan para generar demanda en el mercado. Según Guillermo Marín, según su artículo titulado La Responsabilidad Social de la Televisión, “Si lo comparáramos con  la hipnosis, la televisión sería el péndulo y el programador un experto hipnotizador. Puede sonar arriesgado y quizás antojadizo realizar esta comparación, pero hay quienes creen en esta condición de la televisión, su visionado constante ha llevado a pensar que es un elemento muy práctico para la persuasión y manipulación de masas, el llamado poder de la televisión” [5].
Finalmente, cuando se hace referencia a la responsabilidad social, se debe tener claro que este no es un asunto que le compete solamente al mundo empresarial o a los medios impresos, es un compromiso que debe estar fuertemente ligado con cualquier tipo de organización que produzca un servicio, un bien o información para una sociedad entera. Con mayor razón, la televisión por tratarse de un medio con tanta influencia en la vida de millones de Colombianos, debe procurar y trabajar para que su contenido esté orientado hacia las necesidades de la gente, en el complementar el entretenimiento para llamar la atención, con la formación para generar educación. “El reto es entonces investigativo y creativo, y debe abarcar no sólo los noticieros, sino la creación de nuevos géneros, programas y formas narrativas que beneficien las necesidades informativas de la sociedad actual y mantengan los niveles de calidad y audiencia necesarias para mantenerse al aire” [6]. Por tanto,  el compromiso de la televisión con la sociedad no está simplemente en el vender, sino en generar educación y credibilidad en la programación, buscando con esto, no sólo aumentar los  niveles de audiencia necesarios para cualquier canal o casa productora, sino también lograr generar mayor desarrollo para todos.
___________________________________
[1] Rodríguez Pérez, Beatriz. Una televisión que manipula, una televisión que educa. En línea]. [30 de Octubre  de 2011] disponible en (http://www.zemos98.org/festivales/zemos988/)
 [2]  Ibid, p 113
 [3] COMISIÓN NACIONAL DE TELEVISIÓN. [En línea]. [1 de Noviembre  de 2011] disponible en (http://www.cntv.org.co/cntv_bop/quienes/)
[4] EL ESPECTADOR.COM. Problemas de televisión. [En línea]. [1 de Noviembre  de 2011] disponible en (http://www.elespectador.com/impreso/judicial/articuloimpreso-problemas-de-television).
[5] LA EXILIADA DEL SUR. COM. La responsabilidad Social en la Televisión. [En línea]. [1 de Noviembre  de 2011] disponible en (http://laexiliadadelsur.blogspot.com/2007/12/la-responsabilidad-social-de-la.html)
[6] Ruiz Moreno, Sandra. La trivialización de la información televisiva. [En línea]. [1 de Noviembre  de 2011] disponible en (http://www.saladeprensa.org/)

El rotundo pasar de los años en el oficio del periodismo.

Diego Armando Becerra Corredor.
El rotundo pasar de los años, permitió que antiguos oficios se convirtiesen en la estructura pilar, para la formación de las actuales labores contemporáneas especializadas.  Los oficios de la antigüedad, se medían por las exploraciones cotidianas que el hombre hacia en la geografía del mundo, en el entorno en el cual construía sus días. Desde luego, en aquel tiempo, se vislumbraba  la noción de intercambio  y la búsqueda de nuevos sustentos para estructurar una dinámica de trueque económico en lo antaño.  Sería oportuno esclarecer, que retratar en la historia los antiguos oficios perdidos, requiere  de la comprensión absoluta del tejido social que nació en el mundo desde hace más de  10 siglos y dar abordaje a un inmenso abanico histórico de civilizaciones sociales venideras, conflictos humanos y procesos de colonización.
Con una primera concepción de rigor en medio de las labores del mundo, recalco con vigor la mirada del Periodismo Colombiano desde su génesis. Desde sus inicios, el periodismo ha sido parte fundamental de la sociedad y de todo lo que ocurre en ella. Gracias a él es posible saber algo de lo que sucedió en el pasado, a la vez que registra el presente y esboza el futuro. En ocasiones y con el trinar de las primeras ideas de cubrimiento informacional, se concebía fácilmente la recreación escrita de una realidad humana, traída al papel de una forma natural, sucinta, escueta y lejana de temores a la hora de transmitir quehaceres públicos y sociales que se sugerían como de conocimiento colectivo.
Entonces sin pensarlo se trastocaban pensamientos y emociones de primeros lectores que hallarían fascinación por las primeras lecturas de realidad hechas papel. Desde luego, la noción primera de esbozar acontecimientos de lo público aún no despertaba  argumentos en cuanto a límite, creación y extensión. Este peculiar oficio de retratar vivencias humanas, busca primordialmente localizar sucesos presentes sobre un personaje o sobre un acontecimiento. Es allí donde la escritura del periodismo  adquiere el arduo compromiso de la inventiva, acompañada de actualidad, impacto en el público y carácter noticioso. 
Al aplicar el periodismo en tales condiciones,  la profesión adquiere una figura de un espejo, en donde se busca comprensión del accionar del hombre en el mundo, conocimiento de hechos en lugares lejanos imposibles de visitar, instituyéndose como la  forma más práctica de conocer el mundo y lo que sucede con él. En definitiva, es innegable la huella que el periodismo ha plasmado  en la  sociedad y todo lo que ha producido en ella, pues al ser un espejo de registro y reflejo, dibuja el contorno de los acontecimientos presentes y futuros, dado que en la difusión de información, el periodismo suscita toma de posiciones definidas frente a los acontecimientos, los grupos y las personas.
Por tal motivo, es imperioso que el periodismo aplique rigor en temas como la ética del periodista,  aquella ética que propende por la responsabilidad y los principios  en los que regirá su labor, para no afectar negativamente el curso de los acontecimientos que narra. Penosamente no siempre ocurre así, en ocasiones, la prisa por alcanzar posiciones sociales, hace visible la manipulación de situaciones y el logro de fines no siempre favorables, para la sociedad, los hombres y el mundo. Es en este punto donde a todas luces el periodismo y por supuesto, el periodista, asumen juntos un papel protagónico en procura de crear conciencia sobre las situaciones que acontecen, advirtiendo socialmente de las posibles consecuencias que ciertas acciones pueden acarrear, permitiendo nueva luz a todas aquellas acciones, que tienden hacia el bien común de las personas y el mundo. Finalmente, el periodismo, en uno de sus más valiosos aportes, proporciona herramientas informativas y cognitivas para que las relaciones de los hombres con los hombres y las de éstos con el mundo se tornen, cada vez más, en relaciones de fraternidad, hermandad y generosidad.
Aquello último, como temática resaltable y de contexto, en el que debe su pilar este escrito. Pero sería encantador poder transmitir el transcurrir del periodismo en el devenir de su propia historia y la transición de su quehacer ético con el paso de los años. El nacimiento del periodismo colombiano en su primer siglo, tuvo como su gran padre, la literatura;  se forjaban nuevos escritores partiendo de las viejas plumas más o menos ilustradas de la intelectualidad criolla.
De hecho, casi todos nuestros grandes periodistas, publicistas y editores de periódicos tuvieron ante todo una vocación literaria, que se materializaba en las cuartillas de los periódicos en forma de entregas por capítulos, mucho antes de la fortuna de alcanzar el rango de libros. Es apremiante concluir que en la sociedad colombiana, el periodismo y la literatura son inseparables. Los literatos crearon el periodismo y los periódicos formaron a los literatos. En suma, la publicación exhaustiva sobre la literatura fue una constante real durante el primer siglo de la existencia de la nación como república: no hubo prensa sin literatos ni hubo literatura sin expresión periodística. Es significativa la forma en la que el  periodismo ve la luz en una nación como la nuestra, repleta de ires y venires de la política y la economía, dibujando una manera particular de ejercer la prensa escrita. No es descabellado pensar que en la línea histórica de nuestro oficio, los vientos cambiantes de su ejercicio, y todas las condiciones socioculturales vivenciadas a través de los años, dieron al periodismo, giros evidentes en la transmisión de lo público.
Desde luego es imperante, la adaptación del ejercicio periodístico a las transformaciones sociales del mundo, y he allí, donde será posible describir los aconteceres del quehacer periodístico en el transcurrir del tiempo. Bien, me permito complementar este argumento con uno propuesto por uno de los grandes del Periodismo Ético: Javier Darío Restrepo. La transmisión de un modelo ético, parte en primera instancia, de la humanización de la labor informativa, ya que todo lo que conduzca a ignorar, hacer daño o destruir al otro nos deshumaniza.
 Las implicaciones éticas de un transparente ejercicio periodístico, están mediadas según Javier Darío, por un “pensamiento que direcciona el ejercicio periodístico directamente en la sociedad, porque el público está condenado a recibir información mediocre. Se necesita no sólo de ética sino de pasión, vida y dinamismo por esta profesión".
Fuentes Consultadas: “El Papel del Periodismo en la sociedad” Publicación digital en la página web de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República.
Web: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ayudadetareas/periodismo/per1.htm 

Ética periodística, hasta en los medios digitales

Por:  Diana Carolina Pinto Silva
Para empezar, durante los últimos años los adelantos tecnológicos revolucionaron el mundo, sobre todo el de las telecomunicaciones y los procesos que de ésto se derivan. Así, el ámbito de la comunicación se vio permeado por nuevos retos que exigían estar a la vanguardia en la nueva era que no incluía solamente los medios electrónicos o convencionales, sino toda una nueva aldea digital que cambió las formas de comunicar e informar.
Es así como se da comienzo a los nuevos problemas a los que se enfrenta el periodismo, que no sólo tenía dificultades en los medios tradicionales, sino que adquieren una nueva dimensión en el medio digital. Los temas, como el sensacionalismo, ya no son propios de los medios de antaño, esos problemas éticos traspasaron la barrera de las redes digitales lo cual hace más difícil la comprensión y el manejo de lo digital "dado que el espacio virtual se caracteriza por ser el lugar de la construcción de "lo común" en el ejercicio y la puesta en escena de la inteligencia colectiva, el papel del periodista digital se plantea desde una cierta contigüidad con el "lector" y ya no en la separación tradicional[1].
Así entonces, se construyen sociedades y estructuras mentales a partir de la información  brindada en la virtualidad que, debido a los problemas éticos, no siempre es veraz, objetiva y pertinente. Se forma a la comunidad con elementos que no contribuyen a la construcción de una opinión crítica que a la vez haga que las personas le exijan a los medios o las empresas editoras, en este caso de las redes virtuales, a que los respeten como lectores y los traten como tal.
Por otra parte, esos elementos que definen un "buen periodismo", en la parte digital han contribuido a que se incurran en procesos poco éticos; los periodistas por querer tener la primicia o cumplir con la puntualidad en la entrega de sus noticias, han dejado de lado el verdadero tratamiento de la información de una manera adecuada, resignándose ya sea por "pereza" u otras circunstancias, a tomar información publicadas en otros portales, hacer el proceso de copiar y pegar sin referenciar, si quiera, el lugar de donde tomaron la información ignorando, tal vez, que “para la Federación Internacional de Periodistas (FIP), en su declaración de principios, adoptada en el congreso de Helsingor (Dinamarca), en junio de 1986, el plagio comparte rango de gravedad con otros comportamientos reprobables: la distorsión malintencionada; la calumnia, la maledicencia, la difamación, las acusaciones sin fundamento; la aceptación de alguna gratificación como consecuencia de la publicación de una información o su supresión”[2].
Además de lo mencionado anteriormente, la virtualidad se ha convertido en un espacio democrático, donde las personas tienen derecho a opinar libremente, situación que no se da tanto en los medios tradicionales debido al cuidado de los intereses particulares que manejan las empresas, más que todo privadas. Sin embargo, se podría decir que tampoco hay como tal una independencia editorial en los medios digitales, tal lo menciona Guy Riboreau, quien a su vez, opina que la "globalización es la interdependencia mundial... y el control de los flujos económicos, comerciales y financieros, pero también de información, por un puñado de grupos poderosos que, en casi todos los países, representan una fuerza que puede imponer su propia visión del mundo a los políticos, poner en acción su propia estrategia"[3]
Es por esto, que se hace necesaria la presencia de una persona especializada, que conozca de periodismo y de ética para que actúe como ente regulador, a esta figura Flavia Pauwels la ha denominado en la radio Ombudsman, “que puede ser definido como aquella persona que en un medio recibe e investiga las quejas del público sobre la exactitud, la imparcialidad, el equilibrio y el buen gusto en la cobertura de las informaciones”[4], dejando entrever así, que esta figura no sólo es importante en la prensa, la radio o la televisión sin en cualquier medio, sobre todo en los digitales, que son los que actualmente mueven los cúmulos de información.
También se puede decir que dicha figura es necesaria debido a la cantidad de personas que acuden a los medios digitales o la internet para informarse, portales constituidos por foros públicos se han convertido en espacios de riñas e insultos donde las personas sacan a relucir su ignorancia por la construcción de un espacio crítico de la información brindada y es allí donde el intermediario debe hacer sentir su presencia, en la regulación de palabras mal utilizadas, vocabularios soeces y mal interpretación de la información.
Es en este mismo sentido, que los medios deben pasar por un proceso ético de revisión, es decir de autorregulación de lo cual Gerardo Albarrán de Alba dice que “no hay un modelo único de autorregulación que pueda ser copiado en todo el mundo. Los periodistas en cada país deben trabajar juntos para establecer y revisar estándares comunes de ética y profesionalismo”[5] que apliquen a las necesidades de cada región o de cada situación, pues son las diversas culturas las que a su vez hacen que las problemáticas ya sea de tipo ético o de otro carácter sean distintos en cada momento. Dicha autorregulación debe velar también por los derechos humanos de los usuarios, que brinde información veraz de manera que le permita a los mismos formarse críticamente frente a lo que consumen.
En resumidas cuentas, toda la labor periodística de cualquier medio, hasta de los digitales, que fue el ámbito en el que se centró el tema, debe estar regida por un código de ética que nace desde el hogar, desde la base moral impartida por la familia y que moldeará a las personas encargadas de llevar la información a los demás ciudadanos, porque “el discurso ético es descodificado, interiorizado e interpretado por cada individuo según su propio marco de referencia ético interno, incorporándolo a éste en forma plena, de manera negociada o resemantizando críticamente sus términos”[6].
Finalmente, no se debe dejar de lado la importancia de la labor periodística no sólo en los medios sino en cuanto al compromiso con la sociedad, siendo así la responsabilidad social un factor importante en el desarrollo pleno y el reconocimiento y certificación de calidad no sólo del periodista sino de la cada editorial o el portal para el cual trabaja.
 Referencias
1.       CERBINO, Mauro. Ética y sensacionalismo en el periodismo digital [online]. Consultado el 26 de octubre de 2011. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art950.htm
2.       CANTARERO, Mario Alfredo. El “refrito” o plagio en los medios informativos [online]. Consultado el 26 de octubre de 2011. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art648.htm
3.       RIBOREAU, Guy. La deontología periodística frente a los cambios técnicos y la globalización [online]. Consultada el 26 de octubre de 2011. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art409.htm
4.      PAUWELS, Flavia. La experiencia del primer defensor del oyente en una radio pública argentina [online]. Consultada el 07 de noviembre de 2011. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art644.htm
5.       ALBARRÁN DE ALBA, Gerardo. Objeto, sujeto y contenido de la autorregulación periodística [online]. Consultada el 07 de noviembre de 2011. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art820.htm
6.       FAUNDES, Juan Jorge. El rol de los periodistas y su marco ético [online]. Consultado el 07 de noviembre de 2011. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art656.htm

UNA MIRADA AL DEFENSOR DEL OYENTE

Por Astrid Dabey Pinzón Gómez

A partir del incesante avance de la ciencia y la tecnología, los medios  masivos de comunicación no han sido ajenos a este gran cambio que se ha generado en los últimos veinte años, aun hoy en día sus funciones se mantienen como las estableció la teoría funcionalista representada inicialmente por Harold Lasswell (1986) y Charles R Wright (1986).
 Una de las primeras aplicaciones de esta perspectiva en la comunicación la dio Lasswell en 1948  en su artículo el acto comunicativo donde proponía el modelo de “¿Quién, dice qué, en qué canal, a quién, y con qué efecto?”.[1]
 En dicha obra, el influyente sociólogo norteamericano proponía estudiar la comunicación de masas desde dos marcos de referencia: su estructura y sus funciones. Sobre estas últimas, Lasswell señalaba tres tareas básicas demandadas para el mantenimiento del sistema social que los medios desempeñan: “1) la vigilancia del entorno,2) correlación de los diferentes sectores de la sociedad con las respuestas del entorno y 3) transmisión del legado social de una generación a otra”.[2]
En 1954, Charles R. Wright (1986) agregaba una cuarta función  “el entretenimiento el cual se refiere a la comunicación destinada a distraer a la gente, independientemente de los efectos instrumentales que se puedan tener”.[3]
En referencia a lo anterior, uno de los medios donde se deben encontrar  y aplicar  las funciones antes mencionadas es el medio radial donde  parecen tiempos Prehistóricos, cuando  Guillermo Marconi hizo sus primeras transmisiones inalámbricas con  el antiguo receptor con cristal de galena, el cual contrasta con la radio del siglo XXI que rueda por el mundo sin limitaciones.
Es preciso señalar que en Colombia actualmente, a través del Decreto número 2805 de 2008 se  hace   la  reglamentación de  la Radiodifusión Sonora donde  se clasifica en radio comercial, de interés público y comunitaria, y aunque los fines del servicio sean diferentes para cada una, no se debe excluir el propósito educativo, recreativo, cultural, científico e informativo  con los cuales fueron creadas.
A fin de fortalecerse como un medio con aspiraciones de servicio público y generar un modelo de autorregulación que constituya un espacio para la participación y la reflexión de la audiencia en torno a sus contenidos, es primordial   que reconozca  al oyente  no son sólo consumidor de información sino  como sujeto de derecho y como tal merece ser considerado. Con relación a lo anterior en este artículo se pretende hacer un análisis sobre  el porqué en la radio colombiana debe existir  un Defensor u Ombudsman.
Para esto es necesario referirnos  inicialmente  como lo expone Javier Darío Restrepo que “los medios de comunicación se han convertido en parte de complejos empresariales en los que predomina… la lógica comercial”, pocas barreras protegen el interés de los receptores, por lo cual resurge la necesidad de “defender y activar el derecho a la información” .[4]
Similar plantea el doctor en Filosofía y profesor de Ética, Hugo Aznar, quien sostiene que “el discurso tradicional acerca de la libertad de los medios debe ser complementado por un discurso sobre la necesidad de su uso responsable”. Donde el primero, porque convierte a los medios “en un negocio más y a sus contenidos en mercancías como cualquier otra”; el segundo, porque puede manipularlos en función de “intereses partidistas o gubernamentales” imponiéndoles leyes que restrinjan la libertad de expresión. .[5]
En este punto es necesario  decir que fue  en los diarios donde se originó la figura del  Ombudsman o Defensor, el cual puede ser definido como aquella persona que es, en buena medida, un supervisor u observador de buena fe que mide, evalúa y coparticipa con el medio en términos del cumplimiento de esos principios que ha asumidos como propios y verifica que la programación, el diseño de ésta y sus contenidos se ajusten a ese código y no violen esos principios. .[6] 
Es  necesario  para consolidar la figura del Ombudsman, que el oyente se involucran con la propuesta, que critique, que se queje , pero que también sugieren, construyen, se sienten parte importante de un medio cuándo éste les dé la posibilidad de una participación crítica.
En estos momentos  son los diarios los que sigue liderando el ranking de empresas informativas que optan por implementar tal mecanismo de autorregulación.
 La radio, en particular es el medio que menos cabida le ha dado al Defensor. Pueden contarse con los dedos de la mano los profesionales que en estos momentos ejercen tal función. Algunos son Radio Canadá, Radio Francia Internacional, Radio y Televisión de Andalucía (RTVA), National Public Radio (NPR) –Washington, y Radio Bandeirantes de Sao Paulo –Brasil.
 Un claro ejemplo,  es el caso como lo expone Flavia Pauwels en su texto “La experiencia del primer defensor del oyente en una radio pública argentina” menciona  la Radio de la Ciudad, la emisora pública de Buenos Aires, la cual ha sido pionera en la implementación de la figura del Defensor del oyente, en un país cuyos medios no se caracterizan, precisamente  por apostar a este mecanismo de autorregulación.
 En Colombia hasta el día de hoy, él medio radial no cuenta  con un defensor del oyente en ninguna  de sus tres clasificaciones,   esto se debe en gran medida a varios aspectos; la creación de cadenas radiales como la FM y Caracol Radio que son de corte  comercial y  las cuales  en la actualidad son  las que manejan un gran porcentaje de emisoras en todo el país son las que se  dedican a la transmisión de música.
Además se ha creado un proceso de comunicación lineal tanto de parte del emisor como del receptor. El primero se limita hacer programas sin reconocer las necesidades de información, comunicación y entretenimiento de las audiencias logrando  en vez de enriquecer  al oyente minimizar su importancia. Dichos programas están impregnados del inadecuado manejo del vocabulario y la falta de respeto con los oyentes.
 Un claro ejemplo, es el programa “el cartel de la mega” de la cadena radial RCN donde sus locutores todas las noches utilizan un lenguaje poco adecuado en sus temas,  los  cuales carecen de información que sea de interés general y se entrometen en la intimidad de la persona. Esto último como lo dice el Decreto 2805 de 2008  en su artículo 5  un principio fundamental de la radio es “garantizar como derecho fundamental de la persona la intimidad individual y familiar contra toda  intromisión en el ejercicio de la prestación del Servicio de Radiodifusión Sonora”. [7]
 El segundo se limita a escuchar este tipo de programas sin tener un sentido crítico frente a esto, permitiendo que sigan elaborando y transmitido programas poco interesantes, informativos y educativos que contribuyan al desarrollo de la sociedad Colombia.
 Estos son factores que no permiten que la radio logre tener un defensor del oyente, por eso se hace necesario que  tanto el medio como el oyente conciben la mediación como una forma de crear condiciones para establecer un diálogo racional, que permita acercar puntos de vista divergentes, a fin de superar distorsiones propias de todo proceso de la comunicación.
Es  necesario  para consolidar la figura del Ombudsman, que  los oyente se involucren con la propuesta, que critiquen, que se quejen, pero que también construyan y  se sientan parte importante de un medio cuándo éste les dé la posibilidad de una participación crítica.
 Referencias Bibliográficas
1.     Harold.D .Lasswell,",  M. de Moragas, Sociología de la comunicación de     masas, Estructura y función de la comunidad en la sociedad”  Gustavo Gili, Barcelona 1986, Vol II
2.     Harold.D .Lasswell,",  M. de Moragas, Sociología de la comunicación de     masas, Estructura y función de la comunidad en la sociedad”  Gustavo Gili, Barcelona 1986, Vol II
3.     Harold.D .Lasswell,",  M. de Moragas, Sociología de la comunicación de     masas, Estructura y función de la comunidad en la sociedad”  Gustavo Gili, Barcelona 1986, Vol II
4.     Pauwels,  Flavia “La experiencia del primer defensor del oyente en una radio pública argentina.
5.     Aznar, Hugo. Ética y periodismo. Códigos, estatutos y otros documentos de autorregulación. Editorial Paidós. Barcelona. 1999. pp 34–36–39.
7.     Colombia, Ministerio DE Comunicaciones. Decreto 2805 (31, julio, 2008).Por el cual se expide el Reglamento del Servicio de Radiodifusión Sonora y se dictan otras disposiciones. Bogotá: