jueves, 5 de junio de 2014

El periodismo en los medios digitales y la televisión: De la chatarra a lo saludable.

Por STEFANY URIBE CUETO

Desde los años 90 con la llegada de la internet, el periodismo se encuentra en un amplio proceso evolutivo, especialmente en la manera de crear contenidos informativos. A partir de este momento, las empresas de medios iniciarón a concernir lo digital como el gran nuevo medio; que se caracteriza principalmente por un periodismo participativo, sincrónico, flexible, y que recupere lo mejor del periodismo tradicional.
También, se habla de televisión digital, la que se transmite utilizando la tecnología digital y se emite por el ciberespacio.  Este fenómeno, al igual que se pensó con internet en un principio, es visto por algunos como una amenaza para los medios de comunicación convencionales.   Más que eso, se trata de un desafío para los profesionales del periodismo y la comunicación social; llamados a cumplir su responsabilidad social con un trabajo de bases éticas que incida en la parte humana, en la búsqueda del bien común. En suma, cabe aclarar ¿ Cuáles aspectos comprende el “deber ser” del periodista dentro de los medios digitales, y en relación con la televisión?
Internet con sus características de almacenamiento y difusión se presenta como la plataforma perfecta para ejercer el periodismo, uno que teoría es el mismo tradicional. Con idénticas responsabilidades, funciones y lineamientos éticos, pero con gran exigencia en el perfil profesional. El periodista digital es un profesional multitarea, con habilidad técnica, apertura al cambio y ante todo creíble.
Cuestiones que al momento de redactar fallan, y es ahí, cuando fácilmente al personaje lo cautiva el facilismo. Es ahí donde aparecen hechos que nunca sucedieron, subjetividad extrema, fuentes invalidas, montajes, información inexacta, argumentos insignificantes y cualquier cantidad de información chatarra.
Ante esto, la deontología es la herramienta que determina si un acto es bueno o malo; concepto que se da según el modelo de negocio. Ramón Abarca Fernández indica que el decreto conciliar Inter Mirífica establece la responsabilidad de los medios de comunicación frente a la cultura, la ciencia, la multiculturalidad; así como frente a las tecnologías de la información, Internet, el periodismo digital y la perspectiva histórico-ecológica de la comunicación.[1] . En la web se conocen dos modelos de negocio: el que funciona con pautas en donde se busca la mayor cantidad de visitar para promocionar la pauta. Y el segundo, donde no se vende pauta, se sobrevive por donaciones o autofinanciados, y por supuesto es donde más se respetan los cogidos éticos del periodismo.
Claro está, que existen millones de páginas en la web, libres hasta donde la deontología del autor se lo permita. Pero en las que difícilmente se encuentra periodismo real. 
El creador de contenido, en estos casos, deberá obtener la información pertinente, verídica y con fuentes que lo sustenten. El Código Europeo de Deontología del Periodismo, advierte algo que los códigos latinoamericanos de ética en el periodismo aún no examinan. “Dada la complejidad del proceso informativo basado cada vez más en la utilización de nuevas tecnologías y la rapidez y la síntesis, se debe exigir a los periodistas una formación profesional adecuada”.[2] Es urgente, que esas exigencias entre otras, formen parte de un código deontológico pensado para y desde periodismo digital, sus contenidos y su relevancia social; lo que no solo aplica para Latinoamérica si no para el mundo.
Por otra parte, se encuentra la televisión: el medio con mayor penetración social. Omar Rincón, señala la ‘Telebasura’, una realidad mentirosa que para nada es un reflejo de la sociedad, ni identifica a las personas, aunque estas lo crean así.
Un compendio de superficialidades que va más allá de la ficción. Un espectáculo que poco invita a la reflexión; se trata de un bombardeo publicitario para facturar millones que recae sobre las mentes más vulnerables: los niños y jóvenes, para quienes la televisión es una gran compañía. Para nadie es un secreto que la televisión nacional con sus realities, narco-novelas, magazines entre otros. Está marcada por la notable ausencia de espacios para los niños y jóvenes. Ante esto, se puede decir que cada medio junto a su equipo periodístico es responsable de lo que difunde. El periodista es el encargado de explica hechos noticiosos según los parámetros éticos, sus dolientes y la sociedad, rechazando el amarillismo o sensacionalismo exagerado, incluso la tendencia maniqueista-racista [3].
Tal es el caso de canales regionales como el Canal TRO, en donde a pesar de sus esfuerzos no cumplen con una franja realmente educativa para los niños. Entendida televisión infantil como la oferta difundida en la pantalla cuyos destinatarios son los espectadores infantiles, y que adecua sus contenidos, géneros, y formatos según sus edades.
De manera que la  legislación en su mayoría se transgrede, sobre todo canales regionales, que se excusan en no conocer la norma o ser pequeñas empresas. La ANTV (autoridad nacional de televisión) , ente que mediante la ley 1507 de 2012l se constituye como el regulador encargado de defender su gratuidad como servicio público, su funcionamiento y los derechos del televidente, en especial de las familias y los niños.
La television infantil tiene el deber de regirse, a través, de la ley 1908 de 2006 estipulada en el código de la infancia y la adolescencia que en su artículo 47 espone la responsabilidad de los medios, quienes en su autonomía deben promover los derechos y libertades. Respetar su derecho a la información, libre expresión, y dar espacio para restablecer sus derechos como en el espacio dado al Bienestar Familiar. ( ver video ). Asi mismo, los canales estan en la obligación de abstenerse de transmitir mensajes discriminatorios contra la infancia y adolescencia, publicar algo que atente contra la integridad moral, psíquica o física de los menores como la publicidad de cigarrillos o algohol en horarios infantiles o que haga apología a la violencia.
Y una de las más delicadas, abstenerse de entrevistar o publicar datos de menores si han sido textigos o autores de actos delictivos , acto solo posible con el permiso de sus padres y que de no complirse acarreará para el medio una sancion por parte de Bienestar Familiar.
En consecuencia, de esto, la Fundación Antonio Restrepo Barco realizó una cartilla en donde los periodistas encuentran pautas para el tratamiento de los niños y jóvenes. En busca de su protección mediante un periodismo de calidad y responsable socialmente. La cartilla nombra errores comunes como la `fiebre `donde el periodista busca obtener la “chiva”, mostrar lo novedoso del abuso, al menos, hasta que se publique otro que horroricé aún más o lamentarse en ves de prever, todo esto junto a un sin número de estigmas y estereotipos. Estrategia que suelen utilizar la mayoría de programas informativos en el país.
Es un hecho que la televisión análoga, esa que llegó en 1954 con el televisor de perilla, a partir de 2020 será reemplazada por completo por una televisión digital o bautizada en Colombia como la TDT,televisión digital terrestre [4]. La TDT es considerada por la ANTV como una señal de televisión radiodifundida mejorada tecnológicamente, que ofrece ventajas de video en alta definición HD, multicanales, contenidos digitales complementarios y lo más importante que es gratuita mediante una antena o un decodificador.
Sus objeto central es de carácter ideológico. Dar la posibilidad a los colombianos de recibir a manera gratuita una televisión de alta calidad y definición, sin tener que pagar mensualmente a una empresa. Es decir, aumentar el número de canales para disfrutar de televisión abierta a todos.
Retomando lo anterior, el reto del periodista es generar contenidos de excelente calidad, en este caso, integrando la televisión con los medios digitales. Un ejemplo actual son Caracol y RCN, canales nacionales que destinarán dos canales para transmitir por completo los partidos del mundial [5]. Esto con el fin de convencer a los Colombianos acerca de la posibilidad de ver televisión sin tener que gastar dinero.
No obstante, la TDT en este momento llega solo a 11 ciudades del país y sus zonas aledañas, menos del 2% de las ciudades en el territorio nacional. Además, para acceder al servicio hay que  tener un televisor de última tecnología, o contar con un adaptador que cuesta aproximadamente 200.000 pesos, un precio que aunque bajo en comparación con el de un servicio mensual de cable; termina por excluir a la población sin el dinero suficiente para estos artículos.
Particularmente, los usuarios podrán grabar los programas, así que por causa-efecto , la teleaudiencia tendrá mayor disposición a fiscalizar los contenidos y el trabajo de los profesionales. Por esta razón, a mayor oferta, mayor es la demanda de personal competente que proponga un ejercicio riguroso periodístico, algo más que programas copiados del exterior o entretenimiento que se limita a satisfacer un básico instinto animal.
En síntesis, la invitación es a hacer periodismo desde los derechos ciudadanos y colectivos. Guy Riboreau  advierte que los medios se encuentran en el centro de un juego entre poderes políticos y económicos, del que muchas veces son víctimas. Infinidad de casos son conocidos, en donde los medios no conciben la reglamentación, no atiendes las leyes, y apelan a la violación de su derecho a la libertad de expresión según el concepto su concepto en donde los dueños (grandes grupos empresariales), pueden publicar lo que se les da la gana y como se les dé la gana, manipulando la opinión publica a su antojo. El ideal, es desde el momento de reportería “ponerse en los zapatos” de las fuentes, recuperar el civismo.
Martha Nussbaum (Nussbaum, 1947 citado en Jiménez, 2010). sostiene que la crisis del mundo actual no es económica, es educativa, y afirma que es una “crisis silenciosa” que desprecia el humanismo y lleva a la sociedad a disminuirlo con tal de obtener ganancia económica. Es allí donde el ser humano termina siendo un objeto, y es el periodista quien puede hacer que recupere su autonomía. En adelante, los futuros profesionales del periodismo y la comunicación deben ser competentes no solo a nivel técnico; sino también ciudadanos capaces de luchar por la transformación, eliminando la información chatarra, aludiendo a lo saludable de un ejercicio periodístico que haga bien a la sociedad. Ese es el Difícil reto que tienen los periodistas hoy.

REFERENCIAS
[1] ABARCA Fernández, Ramón. Universidad Católica de Santa María. Ontología y deontología en los medios de comunicación social. (Arequipa, Perú́). [en línea] .[2002].[http://www.ucsm.edu.pe/rabarcaf/documentos/2012/RazóMediComu.pdf ]. [Recuperado el 21 de mayo de 2014].
[2] Código Europeo de Deontología del Periodismo, Aprobado por la Asamblea del Consejo de Europa. [en línea] (1993).[ http://www.xornalistas.com/imxd/noticias/doc/1229538997codigoeuropeo.pdf] [Recuperado el 19 de mayo de 2014].
[3] En este artículo el término maniqueísmo es entendido como jusgar los hechos como buenos o malos según quien los ejecute, es decir, doble moral. Y racista definido como la discriminación a las personas según su diferente región, grupo social, o características de raza.
[4]Para la transmicion se implementó en el paìs el estandar DVB-T2, que se utiliza en 146 de los 198 países del mundo.
[5] GÓMEZ, Leonardo “Caracol y RCN emitirán el Mundial gratis en HD” EN: Semana.com[en línea] Tecnología. Novedades. (2014). [ http://www.semana.com/tecnologia/novedades/articulo/caracol-rcn-tendran-canales-gratuitos-en-hd-para-el-mundial/381816-3].[Recuperado el 16 de mayo 2014].
[6] RIBOREAU, Guy. “La deontología periodística frente a los cambios técnicos y la globalización". Sala de Prensa. (2003). [http://www.saladeprensa.org/art409.htm]. [Recuperado el 15 de mayo de 2014].
[7] Nussbaum Martha . (Citado en Prada Márquez , Blanca Inés).POR QUÉ LA DEMOCRACIA NECESITA DE LAS HUMANIDADES. Bucaramanga, Colombia [en línea].( 2010)[http://correvedile.com/blancaprada/democraciahumanidades#sthash.6ttfIGkG.dpuf].[Recuperado el 17 de mayo de 2014].

[8] PERIODISTAS... ¡PILAS CON LA NIÑEZ!. Proyecto de Comunicación para la infancia y la mujer,.Fundación Restrepo Barco, Unicef Colombia.

La televisión del siglo XXI


Por Joao Gómez

La televisión colombiana ha sido un boom desde su creación en el siglo XX, desde ese instante la manera en que la humanidad miraba al mundo cambió, la información se transformó, al igual que el entretenimiento y la forma de educar.
Este medio trajo consigo diferentes programas y proyectos, que ligados con el estado y con la ayuda de organismos internacionales como la UNESCO y la Universidad Nacional de Colombia han logrado llegar a todas las partes del territorio nacional. En 1961 se dio inicio al proyecto de educación infantil, el cual fue un éxito ya que arrojó resultados favorables al hacer la evaluación a los niños y jóvenes que seguían los programas.
 Estos formatos que en un pasado se transmitían y que eran efectivos cumpliendo su propósito, hoy en día se han transformado y han adquirido nuevos enfoques. En los canales actuales prima el entretenimiento, el lucro y por ello la publicidad, los bombardean a cada instante con algún anuncio de marketing para ser seres compulsivos y unidireccionales, comprando lo que ellos les muestran. Esto ha hecho que la educación y la programación infantil sean relegadas y convertidas para educar poco y vender mucho.
Por todo lo anterior el Gobierno Nacional y el Congreso de la república de Colombia anunciaron al país la sanción presidencial de una nueva ley de televisión colombiana, la ley 1507 del 10 de enero del 2012 la cual ha de cumplir con el objetivo de tener en cuenta los derechos y libertades de las personas en el servicio de la televisión, el interés general, el principio de legalidad, el cumplimiento de los fines y deberes del estado, el funcionamiento eficiente y democrático de los contenidos, la cual define la distribución de competencias entre las entidades del estado que tendrán a su cargo la formulación de planes, la regulación, la dirección, la gestión y el control de los servicios de la televisión.
Además de esto, también es importante que los canales tengan en cuenta el contenido emitido de programas infantiles, ya que deben ser acordes, educativos y con un vocabulario adecuado para sus receptores.
También se debe tener en cuenta la ley de protección al menor cuando se va a emitir la imagen de un niño o un joven menor de edad por la televisión, ya que debe contar con el permiso de sus padres y se debe hacer la respectiva edición del rostro si ellos no lo permiten o si el menor está a cargo del estado.
Aparte de esto, es esencial en un programa infantil contar con la participación de los niños, para que sea interactivo, entretenido y así ellos aprenden y se educan adecuadamente. Es importante hacer una evaluación de los programas para mejorarlos y brindarles a los niños una programación de buena calidad con un contenido de nivel educativo y cultura superior al actual, para que así conozcan aspectos de su tierra.
Un ejemplo de esto es el programa infantil Jugando a la TV que transmite los fines de semana el canal regional TRO. En este programa los niños son los encargados de realizar la labor informativa de todas notas, en donde la cultura y la identidad de Santander se ven reflejada en cada sección que transmiten (ecológicas, de entretenimiento y de cultura general)
Jugando a la TV capta la atención del público infantil y juvenil por medio de contenidos educativos y culturales, haciendo que los niños realicen y muestren lo que ellos quisieran ver, logrando cambiar el chip de las industrias y de los canales nacionales que crean la agenda setting para que la masa vea y consuma lo que ellos quieren, creando un público inerte el cual recibe mensajes sin un análisis ni cuestionamiento para finalmente asumirlos. 
Es por eso que Giovanni Sartori, un investigador en el campo de la ciencia política y autor del libro publicado en 1997 titulado (Homo videns. La sociedad teledirigida) afirma que “Estamos pasando del homo sapiens al homo videns… la preponderancia de lo visible sobre lo inteligible, lo cual nos lleva a ver sin entender y a llegar a la vida inútil”
Sartori lo que dice con esas palabras es que la masa solo se preocupa por entretenerse y divertirse; al igual como en la antigüedad el emperador romano le daba a su pueblo pan y circo, para que estos se entretuvieran y estuvieran tranquilos y así ocultar la verdad y los hechos controversiales. En la actualidad ese circo es la televisión, un medio hegemónico que maneja al pueblo a su antojo, creando estereotipos para vender y convertir un lujo en una necesidad innecesaria, haciéndolos esclavos de productos y marcas que patrocinan programas y eventos que transmite la industria para la sociedad teledirigida.
Al igual que Sartori varios personajes critican ese medio, ese “aparatico inofensivo”, que entretiene e informa todos los días a la sociedad. Omar Rincón es un colombiano que ve a ese “aparatico inofensivo” cómo un ente que no siempre dice la verdad, como una telebasura para una sociedad de entretenimiento.  Omar Rincón es el director de posgrado en televisión en la Universidad Javeriana y en periodismo en la Universidad de los Andes, además es crítico de televisión en el periódico El Tiempo.
Por esto habla de la televisión con un gran abordaje y con diversos puntos de vista logra afirmar “Los media…son unos modos legítimos de comprensión/ explicación, de percepción/ representación en la sociedad; que son exitosos no por sus contenidos sino por su competencia para contar historias y entretener; que son industrias poderosas para producir dinero e imaginarios sociales; que su estrategia para significar es con simplificaciones, pues nivelan en contenidos y estéticas por lo bajo; que han convertido en moda «las diferencias» pero basadas en estereotipos. Entendí que los medias celebran el reino de la apariencia y que las pantallas mediáticas funcionan como múltiple diván para el psicoanálisis colectivo.”
Es por esto que en la actualidad la televisión forma parte de cada uno de los hogares Colombianos, haciendo que la sociedad se vea reflejada en los programas, reality show, novelas y demás emisiones que muestra distorsionada la realidad del diario vivir de un colombiano. La televisión debe reflejarse en la sociedad, no al contrario, para que así el pueblo tome las riendas y rediseñe la parrilla de contenidos de los canales tanto nacionales como regionales, adecuando el vocabulario, las acciones y las imágenes a lo que diga la ciudadanía y la cultura.
Hoy en día eso es posible, el receptor pasa a emisor, y el emisor pasa a receptor, mediante las nuevas tecnologías de la comunicación, un grupo de personas puede hacer la diferencia, mediante programas culturales, históricos y educativos, los cuales pueden ser patrocinados ya sea por publicidad, por el sector privado o por la Autoridad Nacional de Televisión (ANTV) la cual tiene por objetivo brindar las herramientas para la ejecución de los planes y programas de la prestación del servicio público de televisión, con el fin de velar por el acceso a la televisión, garantizar el pluralismo informativo, la competencia y la eficiencia del servicio.
Además la ANTV tiene la función de recibir, tramitar y dar respuesta a las peticiones, quejas o reclamos de los usuarios y/o suscriptores del servicio público de televisión, para que así los ciudadanos se quejen de los programas o emisiones que afecten a una persona o a un grupo de personas, y así cambiar poco a poco la industria y el sistema de imponer lo que tiene que ver el pueblo.
Aparte de la Autoridad Nacional de Televisión cada canal tiene su defensor al televidente, el cual se enfoca en la programación que emite ese canal, logrando una mayor efectividad ante alguna queja o reclamo por parte de cualquier persona que note algún acto, lenguaje o programación indebida.
Un ejemplo de esté es el programa Control tv, que como dice en su página de internet es el Defensor del Televidente del Canal TRO “Es un espacio que lleva al aire más de tres años, donde se analizan los comentarios de la teleaudiencia sobre lo que ven en la parrilla de programación de nuesTRO Canal. Este espacio de participación ciudadana, brinda la posibilidad que las personas expresen sus inquietudes sobre los contenidos y formatos que allí se emiten.”
Por lo anteriormente dicho, es importante, necesario y acorde hacer una revaluación para cambiar todo el sistema de la televisión, no es simplemente irse por el lado fácil y cambiar el canal o apagar el televisor, es aportar a la sociedad ya sea con ideas, alternativas de programación o con una llamada y una queja.

Bibliografía:


miércoles, 19 de febrero de 2014

VIGILANCIA EN LOS MEDIOS TRADICIONALES Y EMERGENTES

POR: María Alejandra Mejía

Las relaciones y dinámicas sociales se han trasladado al medio online, un espacio en el que se recogen y difunden grandes flujos de información y contenidos hacia una masa que aun se muestra ingenua e inofensiva ante dicho servicio traído por los avances tecnológicos.
Por su parte, el Estado Nacional establece entre sus disposiciones, a través de la Constitución Colombiana de 1991, en el artículo 20:
“Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación. Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura”[1].
 A partir de lo anterior, no sobra recordar que tanto los medios escritos como los audiovisuales también se desplazaron a la Web, sin embargo, las normatividades que los rigen permanecen aún fuera del espacio cibernético. Y es que apenas unos años atrás una noticia tardaba 3 minutos en dar la vuelta al mundo, hoy, se genera la información y emergen paralelamente debates y discusiones a partir de las diversas opiniones e inclinaciones que nacen con respecto al hecho noticioso que se publicó tres minutos atrás.
 Resulta preocupante, no solo la velocidad con que viaja la información alrededor del mundo, sino la fuente de dónde ésta proviene (oficial o no oficial), el tratamiento y la forma como ésta misma sea abordada y brindada al público.
“El fenómeno de la información resulta doblemente subjetivo si se tiene en cuenta que los sujeto opinantes son dos en el ámbito de la misma relación y percepción de lo que es el mismo objeto de la información”[2].
 De éste modo ¿cómo preservar el derecho a informar y ser informado de manera libre, garantizar que nadie caiga en la calumnia e injuria, y al mismo tiempo se protejan los intereses y la integridad psicológica y física de grupos sociales como es el caso de los menores de edad?

Los principios establecidos no sólo en la carta magna, sino en los determinados por entes internacionales como la ONU, UNESCO y la OEA en éste momento no son suficientes para controlar el ciberespacio, es por ello que se requiere un ente especializado, cuya tarea consista en vigilar, detectar y denunciar aquellas irregularidades, semejantes a las mencionadas anteriormente.

Jorge Mario Quinzio, define el perfil de un ente vigilante que defienda al pueblo frente a las opresiones y abusos del gobierno y la administración pública, que resguarda los derechos de los seres humanos como sociedad y como seres individuales. A ésta figura le atribuye el nombre OMBUDSMAN[3].

La introducción de la imagen del Ombudsman a los medios de comunicación es reciente, y lo es aún más en los medios digitales, pero resulta pertinente introducir ésta herramienta  en el mundo de las nuevas tecnologías, especializado en vigilar y regular a través de la web.
“En un rastreo hecho para la Maestría en Periodismo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), se ha podido determinar que en 2010 se encontraban activas, al menos, treinta Defensorías (Ombudsmen) distribuidas en Argentina, Brasil, México, Colombia, Ecuador y Venezuela (Pauwels, 2010)… Sin embargo, la falta de una agrupación regional y el escaso número de Defensores latinoamericanos que integran la Organization of News Ombudsmen (ONO) [4]“.

Y es que el Ombudsman además podría cimentar y fortalecer la labor del periodista y del comunicador en la sociedad, quienes han visto devaluada su  profesión por los sujetos que se hacen pasar por profesionales de éste oficio, que demanda cuidado y precisión a la hora de construir y compartir cualquier tipo de información.
El mundo entero ha caído repetidamente en los perfectos montajes construidos por quienes buscan en la información un lucro o algún tipo de beneficio propio o a favor de un tercero, lo que a su vez reduce la credibilidad por parte de los públicos en la información que allí se exhibe. Otro punto a considerar, es el maniqueísmo, sensacionalismo y amarillismo, tres técnicas baratas que se han adueñado de los contenidos informativos con el fin de conseguir mayores seguidores.

Los medios siempre están educando a las gentes, para bien o para mal, y los nuevos dispositivos móviles facilitan a las personas tener cualquier información en el momento que quieran y cada vez con menor control. Por tanto, la información que se consume a diario puede ser codificada y decodificada por cada individuo de manera libre.
Con base en lo anterior, no sobra agregar que hay que elevar nuevamente los estándares de calidad de la información, teniendo en cuenta que aun no existe una conciencia social sobre el impacto que puede tener a corto y mediano plazo lo que oyen y ven las personas y, fundamentalmente los jóvenes y niños, quienes en una etapa de la vida en la que su ingenuidad e inexperiencia influyen en la toma de decisiones, la curiosidad los lleva a resolver sus dudas de cualquier manera, y una de ellas puede ser la radio, la televisión, o la internet, elementos anónimos, impersonales y al alcance, aparentemente inofensivos, pero con gran flujo de información que, como se mencionó anteriormente, puede orientar o desorientar al usuario del mismo.
Los nuevos paradigmas empresariales plantean que el dinero es un factor importante a la hora de generar un negocio, sin embargo, también lo son los miembros de la organización y los consumidores de los bienes y los servicios; parte de la responsabilidad social empresarial del gremio periodista se debe traducir en su sinceridad y objetividad a la hora de producir noticias o cualquier otro tipo de información, así como respetar la integridad emocional, psicológica y física de sus seguidores.
Sentado lo anterior, el Ombudsman puede ser esa forma representada por un periodista, lleno de malicia y con la capacidad de observar, detallar y atender los hechos irregulares que afecten e impugnen el mayor valor del periodismo, defender y vigilar la sociedad.   




[1] COLOMBIA.  CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE COLOMBIA. Asamblea Nacional Constituyente. 1991.
[2] FATORELLO, citado por J. Gutiérrez Palacio, Periodismo de opinión, 31.
[3] QUINZIO,  Jorge M. El Ombudsman, el defensor del pueblo. 1ra edición. Santiago de Chile: Editorial jurídica de Chile, 1992. 13-20 p.

[4] ORGANIZATION OF NEWS OMBUDSMEN. Defensores del público en la prense Latinoamericana: Un trabajo complejo que busca consolidarse. EN: ONO. [en línea] (2010) [consultado 23 de octubre, 2013]. Disponible en: http://newsombudsmen.org/articles/articles-about-ombudsmen/defensores-del-publico-en-la-prensa-latinoamericana-un-trabajo-complejo-que-busca-consolidarse


Deontología de la Comunicación, el deber ser de los comunicadores sociales.

Por Harold Quintero Ardila
Los profesionales de la comunicación son aquellos que deben conocer y respetar las reglas básicas de la interacción humana, y además deben tener en cuenta ciertas reglas que regulan lo que  comunican y a quien está dirigido. También  deben estar atentos a las consecuencias derivadas de su trabajo, y atender los posibles cambios y repercusiones de sus acciones comunicativas en la sociedad; esto significa cumplir y seguir las leyes morales y éticas.
Para Kant la ley moral esta  expresada en lo que se conoce como el imperativo categórico, las leyes del ser humano en su autonomía, deben ser universales,  y responder al bien común. Quiere decir que la voluntad está constituida por el interés, o el bien empírico y se valida por medio del deber. A partir de esto Kant explica que todos los seres humanos deben respetar y seguir unas normas máximas de la moral, quiere decir comportarse de acuerdo a la ley general.[1]
La libertad del ser humano depende del reconocimiento de dicha ley moral. Pese al carácter libre y la voluntad del hombre, debe estar sujeto a su estado racional y respetar los preceptos de la moral.[2]
En consecuencia, el papel que cumple un comunicador en la sociedad es promover y cuidar los derechos de los ciudadanos, respetando los máximos de la ley moral. Pero si bien es cierto que muchos profesionales de la comunicación cumplen a cabalidad con esta premisa, a  algunos se les olvida o no la tienen en cuenta y se conforman con tener dinero y a sus jefes contentos; su ética profesional la dejan a un lado por preservar el bien individual por encima del bien colectivo.
Esto no solo pasa en las empresas o grandes medios de comunicación, sucede en todas las áreas en las que están comprometidos los comunicadores. Las razones van desde la simple falta de principios personales hasta el desconocimiento de  la ética y los principios deontológicos básicos que se reconocen y se aprenden desde la academia. ¿Acaso la deontología es solo una materia más que se cursa? ¿Qué importancia real tiene en los futuros profesionales respetar los códigos éticos?
En primer lugar, los códigos éticos se hicieron como una medida de controlar el papel de los medios de comunicación y su inevitable control sobre las multitudes, pero estos códigos van más allá de normas escritas en papel, se hicieron para ennoblecer la profesión del comunicador, de tal manera que el deber ser de este es velar por la veracidad de la información, el respeto por el público, no callar ante la injusticia y las denuncias, y evitar poner las opiniones y los intereses personales por encima de la integridad y los derechos de las personas.[3]
 Asimismo, la información debe ser un bien social, y no responder a intereses económicos. El periodista no solo tiene la responsabilidad de transmitir datos de forma lineal, también tiene el deber de conocer, analizar y comunicar la información al público teniendo en cuenta los distintos factores sociales que esta puede alterar o cambiar. Y respetar los diversos intereses sociales que dicha información representa para el pueblo.[4]

Por otra parte,  Hugo Aznar  en su texto “los códigos éticos no sirven para nada” manifiesta que la eficacia última de los códigos éticos depende en gran medida del compromiso efectivo de los profesionales y si son ellos los primeros en dudar de su eficacia y no esforzarse por conocerlos y llevarlos a la práctica, entonces estos mismos profesionales están contribuyendo a que realmente sirvan de poco.[5]
La reflexión anterior  hace referencia al estado actual de los códigos éticos y de la deontología de la comunicación, que son tomados por información, o textos puramente académicos, y no se les da la importancia que realmente tienen. Los profesionales a los cuales van dirigidos en su gran mayoría, han caído en la indiferencia y el autoritarismo, no tienen ningún código, ni representan los valores que supuestamente deberían tener todos los comunicadores. Venden la información, no respetan los derechos de las comunidades, tienen como premisa la inmediatez sin importar los costos morales.
Los códigos no son normas intransigentes y arraigadas que se deben cumplir por obligación. Los códigos éticos, como la ley moral dependen del actuar de cada ser humano, y de cada quien depende la validez que estos tengan. En el caso de la comunicación es responsabilidad de los periodistas, organizacionales, comunicadores para el cambio, y educadores llevar a la acción estas reglas, la verdadera forma de dar a estos códigos su razón de ser es la autorregulación.[6]
Adela Cortina sugiere que las leyes éticas y morales no tienen que ser un montón de reglas que dirijan al ser humano a donde estas quieren, la moral debe ser acogida desde lo natural, el deber ser de las personas sin perder su racionalidad.[7]
De igual forma lo ha acordado el Código Internacional de Ética Periodística propuesto por la Organización de las Naciones Unidas, proclama que la responsabilidad del cumplimiento de estas reglas no recae sobre ningún ente en particular, ni privado ni público; los mismos profesionales a los cuales van dirigidos los códigos son los responsables de su observancia y su cumplimiento.[8]
Por último, se deben tener códigos para que exista regulación en las acciones de los comunicadores, claro está,  sin atentar contra su derecho a libertad de expresión e información. Pero este derecho depende directamente de que los profesionales de la comunicación tengan en cuenta y respeten los derechos de las personas y de las comunidades.
 De igual forma, el deber ser del comunicador en estos tiempos como lo sugiere el Código Internacional de Ética Periodística de la UNESCO en sus apartados 9 y 10 es el de trabajar por la eliminación de la guerra y de otras grandes plagas que la humanidad confronta, y la promoción de un nuevo orden mundial de la información y la comunicación, este último sugiere que el comunicador debe ser un agente de cambio que procure la democratización de la información y que promueva la búsqueda de la igualdad y el respeto por la identidad cultural.[9]
Los comunicadores se deben caracterizar por ser aquellos profesionales que deben estar al frente de la vigilancia y el control, los periodistas son los que ejercen el control de lo público; los organizacionales deben implementar el control interno, que demuestre que su trabajo es relevante, y que se debe preguntar a ellos con antelación, antes de ejercer cualquier acción externa que pueda afectar a la sociedad.[10]



[1] KANT, Inmanuel. Fundamentación de la metafísica de las costumbres, edición bilingüe y notas de J. Mardomino. Barcelona: Editorial Ariel S.A., (1996)
[2] ZAMORA, Álvaro. ¿Deontología kantiana? Rev. Filosofía Univ. Costa Rica, XLIII (108), 147-151, Enero-Abril (2005)
[3] Comunicación responsable. Barcelona, Ariel, 2ª ed. (2005)
[4] BARROSO, A. Porfirio. Códigos deontológicos de los medios de comunicación. Ediciones Paulinas,Editorial Verbo Divino Madrid (España) Primera edición: (1984)
[5] AZNAR, Hugo (1999): Ética y periodismo. Códigos, estatutos y otros documentos de autorregulación. Barcelona, Paidós.
(2005a): Comunicación responsable. Barcelona, Ariel, 2ª ed.
[6] Ética de la comunicación y nuevos retos sociales. Códigos y recomendaciones para los medios. Barcelona, Paidós. Y E. Villanueva (eds.). (2005)
[7] CORTINA Adela, Ética Minima. Introducción a la Filosofía práctica. Sexta Edición.
[8] HERRÁN, María Teresa. Restrepo, Javier Darío. Ética para periodistas. Grupo editorial Norma. (2005)
[9] UNESCO. Código Internacional de Ética Periodística. Apartado 9 y 10. http://www.miguelangelquintana.com/codigo_unesco.pdf publicado el 20 de noviembre de 1983.
[10]  Comparaciones Entre Los “Ética Para Amador” De Fernando Savater y Ética Para Periodistas” De Javier Darío Restrepo. BuenasTareas.com. Recuperado 05, 2011, de http://www.buenastareas.com/ensayos/Comparaciones-Entre-Los-%C3%89tica-Para-Amador/2136278.html

Medios de comunicación: una búsqueda de objetividad

Por: Diana Katherine Quintero Martínez

En Colombia, los principales medios de comunicación como la Televisión, la Radio y la Prensa, se han convertido en la fuente de información más confiable y eficaz para la ciudadanía; información que llega al receptor para crear un concepto o una imagen de un contexto actual; sin embargo, la mayoría de estos medios suelen ajustarse a diferentes intereses particulares, ya sean económicos, sociales o políticos, para mostrar una realidad alterna acorde a su conveniencia.
La labor principal de un periodista consiste en llegar a verificar dicha información para lograr denunciar ante la comunidad todas aquellas falencias, que de una u otra forma están afectando el desarrollo y el derecho de vivir en una comunidad igualitaria; por esta misma razón, la posición de los periodistas que integran los diferentes medios de comunicación en la actualidad es cuestionable, pues no existe una mayor evidencia de que se esté velando por el beneficio social, al contrario, lo que se intenta mostrar es un entretenimiento a base de estereotipos que logran alienar a la audiencia, apagando las luces de la igualdad, la verdad y la justicia; de acuerdo con ello, podríamos preguntar, ¿Existe realmente la objetividad en la Radio, la Televisión y la Prensa colombiana?
Para resolver la incógnita, en primer lugar es importante tener en cuenta que los medios de comunicación se clasifican en masivos, complementarios o alternativos[1]. De tal manera, que la discusión se va a concentrar en los medios masivos, ya que en Colombia son los que ejercen principal influencia en la población.
En segundo lugar, es conveniente aclarar que la objetividad es considerada como la forma de ver la realidad de manera neutra, es decir sin tener una interpretación que favorezca los puntos de vista personales; sin embargo, para la autora María Teresa Herrán “El fenómeno de la información resulta doblemente subjetivo si se tiene en cuenta que los sujetos opinantes son dos en el ámbito de la misma relación y percepción de lo que es el mismo objeto de la información”.[2], esto quiere decir que no se puede exigir una objetividad absoluta a un periodista, debido a que siempre la información va a ser abordada desde una estilo de redacción y va a crear un punto de vista; pero María Teresa también argumenta: “La buena fe es el elemento de autenticidad necesario para que el periodista, basado en el presupuesto ético que esa buena fe supone, pueda ejercer su profesión de tal manera que cumpla con el propósito esencial de informar a la comunidad”.[3]; Entonces si existe un compromiso del periodista hacia la sociedad, éste no puede estar desligado en su obligación de velar por el beneficio común; el hecho de marcar un estilo periodístico no tiene nada que ver con favorecer intereses particulares.
En los medios masivos se evidencia diariamente la falta de objetividad; en la Televisión por ejemplo, los canales privados dominan el favoritismo de los colombianos, pero el reflejo de la información proyectada es solo un panorama de una realidad paralela mostrada a través de los intereses particulares de terceros sobre la sociedad. La programación solo se ajusta hacia estereotipos marcados, que limitan un pensamiento colectivo hacia un ideal ‘aparentemente’ cultural; no se contribuye a la educación, al contrario se fomenta el analfabetismo; esto se evidencia, cuando en una producción televisiva se muestra como el héroe principal a un personaje como Pablo Escobar, quien no necesitó estudiar para lograr lo que quería; eso es lo que está sembrando la Televisión nacional en las futuras generaciones, ellos ya ven y admiran a un personaje que solo crea una imagen negativa de los que somos otros colombianos. Según el autor Omar  Rincón “La Televisión es el medio central para el juego de los sentidos colectivos en la sociedad actual, su centralidad está marcada como institución social y cultural, ya que, sin querer queriendo, interviene en los procesos educativos y políticos de una comunidad y conforma los modos de la imaginación colectiva”.[4]; de acuerdo a ello, me surge una nueva posición, en Colombia si se está educando a través de la Televisión privada, se está enseñando, pero no a restar, multiplicar y dividir; se está enseñando a traficar drogas, a matar, a prostituirse, gracias a las ‘maravillosas’ producciones televisivas que alimentan el morbo de la sociedad, los mismos que retroalimentan más contenido de ese tipo por medio de los elevados ratings.
En la Radio, los contenidos son vacios; no generan pensamiento; no promueven cultura; se dice que entretienen, pero lo hacen compartiendo hasta los más íntimos secretos de su propia audiencia; la burla y la humillación pública son un “pan de cada día”; temáticas de extrema importancia como la sexualidad son abordadas de una manera triste y errónea por personas altamente ignorantes en el campo; emisoras privadas fomentan cada día problemáticas sociales como los embarazos a temprana edad y las enfermedades de transmisión sexual, entre otras; es realmente cuestionable el papel actual que cumple la Radio en la sociedad; la gente se ha alejado de este medio, porque simplemente están cansados de escuchar las mismas estupideces día y noche; es una lástima, porque cuando la Radio llegó a Colombia, educaba, entretenía, informaba con un carácter innovador y respetuoso. Las radionovelas pasaron a convertirse en los relatos de las aventuras sexuales de cualquier persona. A pesar de ello, en la Radio no todo es negativo, aún existen emisoras comunitarias y universitarias que fomentan la educación  a través del entretenimiento. Iván Darío Chaín argumenta que “Una programación es mucho más que la suma de programas. Una programación implica pensar e imaginarse cada programa, construirlo y organizarlo de modo que llenemos todos los espacios de nuestras emisiones; es preguntarse cuándo sale al aire; qué días; a qué hora; a quiénes va dirigido; y de qué forma supera a la competencia con la que se enfrenta”.[5] Esto se ve presente en emisoras como Luis Carlos Galán, que demuestra realmente una cultura musical y sus orígenes.
La realidad en la Prensa no es distante a los demás medios de comunicación; el sensacionalismo es casi tan común en el diario vivir a dormir y comer; las noticias son tomadas de una forma amarillista sin importar el dolor por el cual puede estar pasando una familia o una población. Según Javier Darío Restrepo “Una forma de burlar esa confianza del público, esa buena fe que demuestra al aceptar como ciertas informaciones suministradas por el periodista, es no darle la medida exacta de la noticia, es decir, engañarlo sobre su real importancia”.[6]; un concepto que se complementa con el Artículo octavo del Código de Ética del Círculo de Periodistas de Bogotá: “El sensacionalismo es una deformación interesada de la noticia, implica manipulación y engaño, por tanto burla la buena fe del público; a su vez es fomentada por: La falta de garantías para el ejercicio profesional, la concentración de los medios, La obsesión de competir por el rating y el inmediatismo”.[7]
En resumen, la Radio, la Televisión y la Prensa suelen ser maniqueístas; es decir muestran la cara exagerada del bien y el mal en una noticia, emitiendo un  juicio subjetivo sobre determinada información; la Televisión muestra síntomas de maniqueísmo más frecuentes que los demás medios; los canales privados son propicios a utilizar este fenómeno como un recurso informativo; lo cual no está bien; siempre es la audiencia quién debe decidir si es bueno o es malo; un ejemplo de ello, son los constantes gestos que emiten los presentadores de noticias en el momento de dar una información; frases cómo ¿Qué tal esto?; eso se sale de las manos; ellos no lo deben hacer, en dónde quedó su parcialidad, un gesto no denuncia nada; si bien, uno de los objetivos es denunciar; una denuncia no se hace a través de un gesto, una frase o un punto de vista, se hace a través de un argumento coherente.
Para finalizar, estos medios de comunicación tradicionales deben trabajar demasiado en los ideales de las labores periodísticas, más que pensar en la información como un producto comercial que determina si soy visto o no por medio de un rating; se debe pensar más en la comunidad. Si los intereses particulares de unos sobre otros se oprimen, es posible tener una cobertura educativa de los mismos medios; canales institucionales como Señal Colombia; programas que entretienen y enseñan el uso adecuado del idioma español como “El profesor Súper O”; buenas emisoras con caracteres educativos como las radios comunitarias o las emisoras universitarias. Si existe una posibilidad de cambio y no como un fin que justifique medios a través del comercio.
Quiero dejar como una reflexión final, el concepto planteado por el autor Javier Darío Restrepo, tomado del libro Ética para periodistas: “La ética periodística está constituida sobre dos bases fundamentales: una es el amor y respeto por la verdad; y la otra es el servicio del bien común”.[8]




[2] HERRÁN, María Teresa; RESTREPO, Javier Darío; Ética para periodistas; Editorial Tercer mundo; Capítulo 5: El bien común; Capítulo 6: Información veraz y suficiente; Capítulo 7: El periodista y la buena fe del público; Capítulo 8: La Rectificación; Capítulo 11: La responsabilidad del periodista; Colombia, 1995.

[3] HERRÁN, María Teresa; RESTREPO, Javier Darío; Ética para periodistas; Editorial Tercer mundo; Capítulo 5: El bien común; Capítulo 6: Información veraz y suficiente; Capítulo 7: El periodista y la buena fe del público; Capítulo 8: La Rectificación; Capítulo 11: La responsabilidad del periodista; Colombia, 1995.
[4] RINCÓN, Omar. Los 10 mandamientos para hacer Televisión educativa http://www.colombiaaprende.edu.co/html/mediateca/1607/article-74983.html
[5] CHAÍN, Iván Darío. Una metodología para programar nuestra emisora http://daniradio.wordpress.com/2009/09/30/una-metodologia-programar/

[6] HERRÁN, María Teresa; RESTREPO, Javier Darío; Ética para periodistas; Editorial Tercer mundo; Capítulo 5: El bien común; Capítulo 6: Información veraz y suficiente; Capítulo 7: El periodista y la buena fe del público; Capítulo 8: La Rectificación; Capítulo 11: La responsabilidad del periodista; Colombia, 1995.

[7] HERRÁN, María Teresa; RESTREPO, Javier Darío; Ética para periodistas; Editorial Tercer mundo; Capítulo 5: El bien común; Capítulo 6: Información veraz y suficiente; Capítulo 7: El periodista y la buena fe del público; Capítulo 8: La Rectificación; Capítulo 11: La responsabilidad del periodista; Colombia, 1995.
[8] HERRÁN, María Teresa; RESTREPO, Javier Darío; Ética para periodistas; Editorial Tercer mundo; Capítulo 5: El bien común; Capítulo 6: Información veraz y suficiente; Capítulo 7: El periodista y la buena fe del público; Capítulo 8: La Rectificación; Capítulo 11: La responsabilidad del periodista; Colombia, 1995.