jueves, 8 de noviembre de 2012


La revolución de los medios digitales y la ética periodística
Por: Claudia Sandoval Correa

En los últimos años, los avances tecnológicos han permeado y cambiado  la forma de vivir de los humanos, los sectores en los que se desempeñan las personas cada vez están más influenciados por la aldea digital que ha transformado desde la forma de comunicarse hasta los medios que se utilizan  para ello, es decir los medios de comunicación y más exactamente los de información como periódicos, noticieros audiovisuales y radiales.

Es así, como los portales web, ya sean oficiales de ciertos medios reconocidos o no, también se han visto afectados por esa nueva forma de comunicación, en especial el periodismo digital que les ha brindado a los consumidores toda una nueva forma de recibir la información y de interactuar con los generadores de la misma.

De esta forma, los mismos problemas que han presentado los medios convencionales, se han trasladado a los medios digitales, entre ellos la ética profesional a la que faltan algunos periodistas, esa forma mediocre de hacer periodismo que se acentúa más en los medios digitales debido a la cantidad de información que se encuentra disponible y la manipulación de la misma con intereses privados que tienen algunas casas editoriales.

Entonces, es fácil incurrir en el ejercicio errado de la labor cuando se está en la constante lucha por la inmediatez y la chiva por la que los medios se disputan para lograr la atención del mayor número de gente posible, está al alcance de la mano copiar información de otro medio y publicarlo como si fuera propio, cambiando algunas palabras, incurriendo en un notorio caso de plagio que para el consumidor puede ser casi nulo, pasando desapercibida la acción antiética del periodista que según Mario Alfredo Cantarero, “a pesar de ese reconocimiento internacional o nacional, el fraude en periodismo se da como una acción natural”[1], lo que no debería ser así pues el lector merece respeto y tiene derechos como tal.

Así pues, las personas objetivo de la información son consumidores que están en todo el derecho de que se les informe veraz, eficaz y oportunamente, de que se les trate con respeto y a su vez ellos puedan exigirle a los medios que más frecuentan que se les reconozca su posición y deben, en calidad de críticos, exigir también calidad en los contenidos, en la agenda programática de cada medio, de cada portal, que se traten los temas de manera objetiva y no una información manipulada con intereses económicos o políticos, pues de esa manera también irrespetan al usuario.

Dicho lo anterior, para menguar los errores cometidos por los medios convencionales, se crearon figuras que ayudan a contrarrestar las faltas ya sea de la radio, la televisión o los periódicos y esa persona o rol es el del defensor o el denominado Ombudsman, que también se trasladó al mundo digital y como explica Flavia Pauwels, “puede ser definido como aquella persona que en un medio recibe e investiga las quejas del público sobre la exactitud, la imparcialidad, el equilibrio y el buen gusto en la cobertura de las informaciones”[2], exigiendo así que la persona que desempeñe dicho cargo también sea alguien objetivo, ético y sensible ante los hechos que se puedan presentar y no sean correctos.

Así entonces, todas las personas tienen derechos y el máximo es el derecho a estar informado y para ello se crea la defensoría del lector, que tal como lo plantea Javier Darío Restrepo “la Defensoría del Lector, vista así, es un paso adelante dentro del ambicioso propósito pedagógico de convertir en realidad viva el derecho de los que reciben, que se conoce como derecho a la información”[3], es decir que dicho estamento tiene como objetivo velar por el cumplimiento de ese derecho a cabalidad y mediar entre el lector y el medio.

Por otra parte y como se había mencionado, la información en los medios digitales también es manipulada, pero esto se da en consecuencia de la también afamada globalización que es “interdependencia mundial... y el control de los flujos económicos, comerciales y financieros, pero también de información, por un puñado de grupos poderosos que, en casi todos los países, representan una fuerza que puede imponer su propia visión del mundo a los políticos, poner en acción su propia estrategia”[4].

Además de lo dicho anteriormente, a los problemas éticos del periodismo digital, también se suma el sensacionalismo, que se supone no debería darse cuando se tienen en cuenta la autenticidad, la neutralidad y la objetividad, pero que va a estar presente y más si se trata de políticas económicas que lo que buscan es vender, creando así una situación propicia para que fotografías, videos y textos no sean tratados de la manera que merecen sino que llevan implícita o explícitamente contenido que mueve al lector a curiosear la información con el único fin de satisfacer su morbo. A lo que Mauro Cervino agrega:

“Si hacer periodismo es saber comprender distintos lenguajes y traducirlos en relatos, el periodista debe asumir que los relatos, los textos que él produce, representan un material altamente sensible para el lector. Es decir que los lectores (de cualquier medio) trabajan los textos emitidos por el periodista. En el caso del tipo de comunicación instaurado por la red, que permite el intercambio de "muchos con muchos" a diferencia de los modelos tradicionales de comunicación mediática, se tiende a estructurar un escenario en el que se redefinen los limites y el rol de quien produce las noticias y quien las consume”[5]
Por esto y todo lo dicho anteriormente, el lector vuelve a jugar un papel importante, se convierte en constructor de conocimiento mediático y como tal también debería exigirle al medio que usa que sea ético, que lo informe como debe. Los consumidores se convirtieron en personas permisivas, a quienes les da igual si se les engaña o no, porque aprendieron a aceptar la información como verdadera antes de corroborar y comparar con otros medios, dejando así de lado la verdadera calidad con la que se debe tratar una noticia o hecho.

Pero para Juan Jorge Faundes esto no resulta tan fácil, pues las premisas de informar veraz, exacta, amplia y oportunamente “remite a temas epistemológicos relacionados con las nociones de “verdad” y “objetividad”, así como de “información” y de “valor periodístico”, exigiendo una reflexión en torno a ellos que no se puede eludir si se quiere precisar a qué se está refiriendo esta regla”[6].

Y es que para que dichas premisas y los códigos de ética funcionen, éstos deben ser reconocidos por los periodistas, deben ser legitimados para poder aplicarlos, pues muchos podrían pensar que los códigos de la ética profesional no sirven, pero es precisamente por eso, porque el marco de lo común ha encerrado la práctica anti ética donde el que actúa correctamente no es valorado porque “no aporta al negocio de la comunicación”[7]. Siendo así esto un error, pues se debe tener en cuenta también los ajustes que se deben hacer a dichos códigos según cada país, lo cual no es fácil pero conllevaría a una reflexión acerca del tema que permita crear medianamente, a su vez, un periodismo digital de calidad.

Finalmente, se puede decir que el periodismo digital sigue siendo una modalidad naciente que requiere ser intervenido y analizado tanto por sus creadores como por los usuarios, porque es un trabajo en conjunto el que llevaría a ofrecer información de calidad y a exigir el respeto debido que merece el consumidor; todo esto aplicando, para empezar, “los códigos de ética que  sí sirven. Y, como las profecías que se auto cumplen, cuanto más convencidos estemos de que sirven mayor será su eficacia y su utilidad, puesto que más común y habitual será también conocerlos, aplicarlos y reclamar su cumplimiento cuando no se produzca”[8].


[1] CANTARERO, Mario Alfredo. El “refrito” o plagio en los medios informativos [Online]. Consultado el 11 de mayo de 2012. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art648.htm
[2] PAuWELS, Flavia. La experiencia del primer defensor del oyente en una radio pública argentina [Online] Consultada el 11 de mayo de 2012. Disponible en http://www.saladeprensa.org/
[3] RESTREPO, Javier Darío. En defensa del derecho a la información [online] Consultado el 11 de mayo de 2012. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art427.htm
[4] RIBOREAU, Guy. La deontología periodística frente a los cambios técnicos y la globalización [online] Consultado el 11 de mayo de 2012. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art409.htm
[5] CERBINO, Mauro. Ética y sensacionalismo en el periodismo digital [online]. Consultado el 11 de mayo de 2012. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art950.htm
[6] FAUNDES, Juan Jorge. El rol de los periodistas y su marco ético [online] Consultado el 11 de mayo de 2012. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art656.htm
[7] FAUNDES, Juan Jorge. El rol de los periodistas y su marco ético [online] Consultado el 11 de mayo de 2012. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art656.htm
[8] AZNAR, Hugo. “Los códigos éticos no sirven” [Online] Consultado el 11 de mayo de 2012. Disponible en http://www.saladeprensa.org/art581.htm

Los grandes dilemas éticos de las redes y la informática

Por: Diana Paola Pérez Hernández

La facilidad que brinda la web para generar, distribuir, producir, compartir y descargar información, se ha convertido en un problema tanto para quienes se encargan de dichos procesos como para los encargados de controlar el medio masivo considerado hoy por hoy el más importante para algunos sectores. Dicho esto, se puede abordar el tema de la información digital desde amplias perspectivas; el problema radica en que algunas perspectivas no se pueden mezclar porque se contraponen y los esfuerzos por reconciliarlas podrían ser en vano.
Así pues, tenemos como principal ejemplo, las leyes y la ética; que aún en el marco físico, no suelen ir de la mano. Si no hay una congruencia de manera física entre estos dos factores; es mucho más complicado lograrlo en la web. Sin embargo, tal como lo plantea Hernando Cruz en su texto Net ética[1], la ética puede operar en internet pero es un asunto de conciencia colectiva, de asumir la red como un medio en el que se ven reflejados los principios básicos. Al plantear esto, puede hacerse mención de algunos principios éticos que operan o que deberían ser aplicados en internet como la primacía del bien público, el respeto por la propiedad intelectual, evitar cualquier acto de piratería y la posibilidad de acceso del usuario sin discriminación. Sin embargo, cada usuario debe saber que aunque está en sus manos cumplir o no tales principios, es indispensable que asuma la responsabilidad frente a cada acto que emprenda.
El dilema con las leyes
Es posible que hace unos meses cuando no había entrado a operar la famosa “ley S.O.P.A”, todo estuviera permitido en internet; porque de cierta manera había una libertad más amplia o evidente respecto al uso de los contenidos publicados; pero surge precisamente esta norma que pretende defender la propiedad intelectual que además se convierte en un arma de doble filo porque si bien protege la información, elimina ciertas posibilidades que los usuarios tiene porque impide el acceso a diferentes sitios, de usa la información con fines educativos o recreativos, restringe en muchos sentidos la libertad de expresión que se resalta en la declaración conjunta de la OEA[2] y permite al Estado actual como censor de la actividad en internet como lo indica The Electronic Frontier Foundation en su texto “What´s wrong with SOPA”[3]; ergo, hoy no podemos decir que todo se vale en la web porque el Estado ha encontrado diferentes formas de suprimir dicha libertad.
Ahora bien; el otro lado de la moneda es la ventaja que estas medidas de control, podrían traer para aquellas personas que publican contenidos propios, que se dedican a la producción de material intelectual y académica, a quienes posiblemente se les ha plagiado o tienen riesgo de ello; aunque se supone que por ser un medio “libre”, el que publica debe conocer a qué se expone cuando lo hace. Si de ponerse en su lugar se trata, puede decirse que la misma libertad de la red, se basa en saber las posibilidades y limitaciones que tiene el medio y en saber cómo hacer uso de él; incluso hay formas de proteger la información así que si se ha de publicar algo, lo natural es tener cuidado y entender que en cada usuario está la decisión de exponer su información o no. Lo anterior incluye la información confidencial, puesto que si está en la web (aún de manera privada) está expuesta a ser encontrada por los hacker o cracker.
Cabe entonces, indagar sobre las diferencias elementales de estos dos agentes informáticos. Según Camilo García[4], el hacker es una persona que tiene amplios conocimientos sobre el funcionamiento de las redes pero hay quienes usan lo que saben para dañar, violar códigos de seguridad entre otros (es decir, los cracker), y hay quienes abordan de manera creativa, la actividad en internet. La cuestión no es si es legítima la labor de estas personas o no; el punto está en que a los usuarios no se les debe restringir desde las leyes estatales sino desde las políticas internas de cada sitio web. Pese a esto, en Colombia, se ha adicionado al código penal, una serie de artículos relacionados con el control de la información, los sistemas informáticos, la violación de datos, el uso de software maliciosos entre otros que podrían ser causal para multas e incluso para ir a prisión[5].
Control estatal, un problema de libertad
Ante todo esto, aumenta la duda sobre la real libertad en internet, si en cada país hay un determinado número de normas o leyes que determinan cómo actual o no respecto al campo informático; ¿cómo se puede hablar de libertad? y ¿qué carácter se le debe dar al ejercicio virtual?
Si partimos desde una visión cualquiera de libertad; encontramos que está sujeta a diferentes factores que van desde la concepción cultural del término hasta la aplicación gubernamental que se le da. Teniendo en cuenta que este atributo social está sustentado bajo un cuerpo legislativo, no se puede separar de las normas y de la misma forma opera actualmente en el entorno virtual. Tal es el caso de países como Cuba en donde el internet es altamente restringido o el de China en donde no se permite el acceso a determinadas páginas. Pero si entendemos al internet como una plataforma universal, ni el acceso ni su uso deben estar condicionados por las políticas internas de cada país sino por un organismo que regule ciertos elementos de dicho servicio e incluso por cada sitio web.
Dicho esto, el papel del Estado no es el de intervenir ni ejercer un control estricto sobre todo lo que pasa en el entorno virtual ni el de ver como delincuentes a los ciudadanos por lo que hagan o dejen de hacer y aunque se pretenda defender la propiedad intelectual y los derechos de autor; las medidas extremas como el cierre de sitios web y la restricción total o parcial de aplicaciones, páginas o software; solo demuestran la ambición por el poder y la falta de reconocimiento de internet como un espacio democrático y con una dinámica global. El rol del Estado debe estar limitado e ir de la mano con un ente mundial que trate estos casos; pero si es necesario que el gobierno de cada país promueva el buen uso de las redes, eduque y capacite sobre el tema y cree conciencia  sobre la ética y los principios en la web.
El periodista y los medios virtuales
El auge del uso tecnológico para el intercambio de información, la escritura de noticias y la actividad mediática en general, hace que día a día se planteen retos tanto éticos como estructurales, para los medios de comunicación tanto privados como independientes. Eso, no solo porque algunas audiencias han abandonado los televisores, radios y periódicos para consultar los sitios web que además lo contienen “todo” sino porque el tratamiento de la información a través de internet, requiere un cambio de géneros, formatos y herramientas así como la creación de nuevos perfiles profesionales que le den la talla a la inmediatez y que tengan especial cuidado con la calidad de dicha información.
Al respecto, habla Guy Riboreau en su texto, La deontología periodística frente a los cambios técnicos y la globalización[6], y revela que además de la ya creciente dependencia de los medios no digitales hacia los grandes grupos empresariales y políticos, se ve también hoy por hoy en la era digital. Los medios no han logrado una independencia ni política ni financiera por la que según el autor, deberían pasar para garantizar el ejercicio ético de su profesión. Sin embargo, se dice también, que en muchas ocasiones, esta dependencia se da por parte los periodistas porque no existe respeto frente a la libertad de prensa. “La asociación Freedom House, por su parte, estima que sólo el 22% de la población mundial se beneficia del acceso a una prensa libre. Su informe anual destaca una tendencia al incremento de autocensura: ´la presión por parte de regímenes que practican la censura ha conducido a un número cada vez mayor de periodistas a autocensurarse por temor a represalias´… ”[7] expresa el autor.
Así las cosas, el ejercicio del periodista, está limitado y lo ha estado desde siempre, a diversos intereses y es medianamente el periodista independiente quien puede realmente llevar a cabo cualquier proyecto informativo sin miedo a ser castigado por ello. Adicional a esto, es visto actualmente cómo, periodistas de todo el mundo, son despedidos de los medios para los que trabajan por comentarios en sus perfiles de Facebook o Twitter como el periodista australiano Matt Nicholls, del periódico Glenn Innes Examiner, quien fue despedido por comentar sobre un asesinato o el caso del periodista francés Pierre Salviac quien perdió su empleo tras hacer un comentario en su Twitter.
Estos casos, se suman a la larga lista de periodistas que han sido suspendidos, censurados o despedidos por expresar sus opiniones propias en sus redes sociales. Lo anterior bajo la excusa de pertenecer a un medio cuyo buen nombre queda comprometido incluso cuando el periodista se expresa por sus propios medios virtuales a nombre propio luego se ve el límite bajo el cual, una persona, dependiendo de su profesión, puede pensar o expresar ese pensamiento libremente.
Según lo anterior, el medio estaría limpiando su nombre y defendiendo al lector tal como se sugiere que debe suceder. En el contexto deontológico, es necesario que un medio de comunicación, posea políticas internas para evitar que los lectores, oyentes o audiencias, sean engañados, o reciban información no adecuada. Para esto, se traslada la figura del defensor de los medios no digitales al internet. Así lo indica Gerardo Albarrán[8] quien ve de gran importancia la creación de tal figura para el control de la información en los medios virtuales también conocido como “ombusdman” y es así como debe operar el control en la web; a través de agentes internos de los sitios o de los medios para que no sea el Estado quien tome partido de esos casos.
En suma, el mayor dilema de los entornos virtuales, es cómo se direcciona la ética en un medio tan abierto. Las fronteras y el sentido de nacionalismo, permiten a los gobiernos, pretender un control que no siempre pueden ejercer pero que el mismo internet no tiene porque no es una institución. Prácticamente, podemos decir que el internet tiene millones de dueños que deciden a voluntad propia, qué hacer con él pero aunque así debe ser, el Estado ha logrado instaurarse como un ente dominante del espacio sin que los usuarios sepan cómo defender un territorio que se consideraba de la humanidad y no de un grupo específico.



[1] Cruz, H. (2009, julio - diciembre), “La net-ética desde la perspectiva de una secuencia de investigaciones sociales”, en Signo y Pensamiento, vol. XXVIII, núm. 55, pp. 136-151.
[2] Organización de los Estados Americanos (OEA), “Relatoría especial para la libertad de Prensa” [online] disponible en http://www.oas.org/es/cidh/expresion/index.asp Consultado el 19 - 05 - 12
[3] Electronic Frontier Foundation, “What´s wrong with sopa” en [online] disponible en https://www.eff.org/sites/default/files/One-Page-SOPA_0.pdf Consultado el 19 - 05 - 12
[4] El tiempo. “Ni delincuente ni activista, esto es mucho hacker”.  [online] Disponible en http://m.eltiempo.com/cultura/libros/ni-delincuente-ni-activista-esto-es-mucho-hacker/11623342 Consultado el 19 - 05 - 12
[5] GANDINI, Isabela, ISAZA, Andres y DELGADO, Alejandro. “Ley de delitos informáticos en Colombia” [online] disponible en http://www.deltaasesores.com/articulos/autores-invitados/otros/3576-ley-de-delitos-informaticos-en-colombia Consultado el 19 - 05 - 12
[6] RIBOREAU, Guy. La deontología periodística frente  a los cambios técnicos y la globalización” En Sala de Prensa. Año VI vol. 2 Enero 2003 [online] disponible en http://www.saladeprensa.org/ Consultado 18 -05- 12
[7] ídem
[8] ALBARRÁN, Gerardo. La figura del defensor del lector en los diarios digitales En Sala de Prensa. Año VI vol. 2 Diciembre 2002 [online] disponible en http://www.saladeprensa.org/ Consultado 18 -05- 12


La Ética
 “El Talón De Aquiles Del Periodismo”
Por: Fabián Andrés Hoyos Carvajal

Durante mucho tiempo uno de los temas más controvertidos del mundo, ha sido la aplicación de la ética en la vida cotidiana del individuo, esto ha hecho que se convierta en uno de los ejes formadores más importantes de la actualidad ya que ha abierto una brecha entre el ser y el deber ser.
Ésta acción y relación humana permiten que se fundamente una sociedad democrática basada en criterios y principios que direccionen a los grupos sociales humanos a entender por qué es fundamental tener una base sólida para formarse como individuo en la sociedad.
Sin embargo, este fundamento no se cumple a cabalidad, ya que la sociedad está sometida por el capitalismo, convirtiéndose ésta en una nueva fase de la destrucción de la ética desde todo punto de vista.
 Así mismo, entre los derechos humanos, tema que se ha convertido en una referencia clave en el debate ético-político actual, y el lenguaje de los derechos que se ha incorporado a la conciencia colectiva de muchas sociedades, existe un problema en cuanto a su eficacia, dado que existe una gran desproporción entre lo violado y lo garantizado estatalmente.

Es así, como la ética se basa en fundamentos que trascienden el ámbito de lo cotidiano. Los medios de comunicación no son ajenos a esto y se ven expuestos a peligros que son inducidos por los mismos productores de las noticias que se emiten. En la prensa, el periodista enfrenta problemas éticos a la hora de adecuarse a determinadas normas de moral civil y principios comúnmente aceptados, violando la intimidad, la dignidad, la libertad y el pudor del ser humano.
No se trata de estigmatizar a los medios, porque éstos no son ni buenos ni malos sino que “Son desde el hombre y por ello, como hemos visto para el hombre, pero el mismo hombre puede esgrimirlos contra él. Los medios se pueden utilizar para mediar hacia la construcción del ser humano o como arma de muerte, que es la muerte de la propia esperanza del ser” [1] Es decir, que todo gira en torno a la conciencia del hombre, quien en la medida que es responsable, se le pueden pedir cuentas de sus actos y está obligado a reparar los mismos si afectan a terceros.

Ética periodística

Hablando específicamente de la labor del periodista en los diversos medios de comunicación y la aplicabilidad de la ética en los mismos, es importante manifestar que   “La ética del periodista debe ser superior al promedio de los demás. El talón de Aquiles de la profesión periodística es la arrogancia, la soberbia, creerse el dueño de la verdad. Los periodistas revelan verdades circunstanciales” [2] 
Teniendo en cuenta esta definición, puede partirse de una base que clarifica de manera inmediata el deber ser y el actuar del periodista. Debe estar comprometido con la verdad ya que éste es un derecho de la sociedad, es la contribución del periodista y es la fuente de respeto del mismo.

Sin embargo, existen peligros a la hora de actuar de buena fe, ésta entendida como “el elemento de autenticidad necesario para que el periodista basado en la ética que esa buena fe supone, pueda ejercer su profesión de tal manera que se cumpla con el propósito esencial de informar a la comunidad”[3]. Es decir, que en muchas ocasiones por actuar de buena fe, el periodista direccione la noticia hacia el lado que no es, abriendo brechas entre la realidad y la mentira de la información que le ofrece a la sociedad.
El periodista debe ser un profesional responsable y aunque es claro que la libertad de expresión está enfocada dentro del estado libre y la palabra, y el pensamiento, la verdad y la independencia a la hora de informar un hecho deben ser los elementos claves para construir una respuesta válida ante la sociedad.
De este modo, si el periodista “peca” en su buena fe, inmediatamente debe rectificar lo dicho en la información que emitió, no sólo porque es su obligación sino también porque tiene la capacidad de hacerse una autocrítica y evaluar el por qué de su error en el actuar de su ética profesional.

Sensacionalismo
Un ejemplo evidente en la falta de ética, son los diarios sensacionalistas, los cuales desde un planteamiento ético del periodista colombiano Javier Darío Restrepo son una muestra de que “Les interesa mostrar escenas de la vida privada, atizar el fuego del escándalo, alimentar el morbo con titulares llamativos, suscitar polémicas intrascendentes, pero no ejercer la actividad profesional con el objetivo de servir a la comunidad y de contribuir al bien común”[4], es decir, no se tiene en cuenta y es de poco interés determinar acciones que apoyen la ética, lo que importa es presentarle al público asuntos morbosos que atenten contra el bien común logrando desinformación en los medios. 

Si el periodista se ve sumergido en una situación bochornosa, donde esté involucrado principalmente el sensacionalismo, el deber real del mismo debe estar encaminado a informar objetivamente el hecho tal cual como ocurrió, quitándole el toque sensacionalista implícito en la misma, esto con el fin de evitar ser tildado de manera que se vea afectada su labor en dicha información. Por ende, debe impedir que el interés particular prime sobre el general.
Así  mismo, en estos casos donde el periodista debe regirse por parámetros éticos debe tener en cuenta que por encima de todo debe estar la responsabilidad periodística porque no solamente implica una reflexión individual sino una relación con los demás. En la medida que alguien es responsable, se le pueden pedir cuentas de sus actos y su accionar en diversos escenarios donde se desenvuelve socialmente. 

Sin embargo, cabe resaltar que muchos periodistas tienden a caer en la creencia de que la única verdad absoluta es la que ellos publican, dejando a un lado la consulta verídica de fuentes que así sean de poco peso ayudan a la construcción veraz de la información.
Para el Escritor y Periodista chileno Juan Jorge Faundes, en su libro “El rol de los periodistas y su marco ético”,  el tema de la veracidad en el margen ético del periodismo, es consecuente con la objetividad, porque “Se gesta de un conjunto de premisas o supuestos previos, básicos, no necesariamente demostrados ni conscientes, que una comunidad científica o disciplinaria suele dar por hechos y compartir”[5].
A su vez, afirma que “La verdad suele creer que el mundo objetivo está ahí, fuera de la mente, al alcance de los sentidos, que es plenamente cognoscible, que puede ser objetivamente capturado en el acto de conocer y que la verdad es dar cuenta de ello neutral y objetivamente”[6]. Por lo anterior, los periodistas deben tener como principios esenciales, buscar la verdad y difundirla de manera completa, clara, oportuna y amplia.

De tal manera, cada ser humano es libre de trasmitir su propia verdad, siempre en cuando no se violen los derechos y principios del otro, es decir, cada individuo es independiente o autónomo de su conciencia subjetiva. También, manifiesta actos de percepción en el entorno, así como introducir a su mente una gran cantidad de información procedente del exterior, en donde la selecciona, jerarquiza, generaliza y distorsiona, para hacer uso de ella en el momento que desee y considere oportuno.

Por último, subordina el conocimiento a sus necesidades, es decir, conoce, se adapta, predice, influye, controla, legitima, compite y se reproduce, así como lo manifiesta Faundes “Necesidades que determinan su proceso de conocer y de producir información, en síntesis, lo que es objetivo es el acontecimiento, el hecho observado, pero desde que él es percibido, recibe del observador su valor informativo”[7]
El ideal ético, es ubicarnos en la realidad  donde se alcance  la verdad con un hecho noticiable y comunicarla, interpretarla, exponerla y opinarla responsablemente, precisamente para no caer en respuestas inadecuadas, desarrollando un enfoque que se ajuste a las realidades en las que se desenvuelve el periodista cotidianamente. 
En conclusión, como el mismo Javier Darío Restrepo define al periodismo: “El periodismo debe ser entendido como una disciplina que se dignifica cuando se pone al servicio de la sociedad, de una causa común, por el contrario, la misma se verifica cuando se pone al servicio de una causa o interés particular”[8]. Es decir, que ese potencial, del periodista, sirva para instruir, volver a las sociedades tolerantes, y no para hacerlas crueles y superficiales.


[1] MAUMEJEAN, Argelia. Nociones éticas fundamentales aplicadas al fenómeno periodístico”. Pág. 282-283
[2] AZNAR, Hugo. La ética en el periodismo. Colombia. 2007. Pág. 35-36
[3] RESTREPO, Javier Darío. En: Código de ética para periodistas. 2006. Pág. 124-127
[4] RESTREPO, Javier Darío. En: Código de ética para periodistas. 2006. Pág.  128
[5] FAUNDES, Juan  Jorge. En: El rol de los periodistas y su marco ético. Santiago de Chile. Capítulo I. 2003
[6] Ibídem
[7] FAUNDES, Juan  Jorge. En: El rol de los periodistas y su marco ético. Santiago de Chile. Capítulo I. 2003
[8] RESTREPO, Javier Darío. La ética en el periodismo. Colombia. 2009. Capítulo 1. Pág. 15-22

La Deontología: un requisito indispensable para periodistas  
Por: Gineth Dayana López Ordoñez
“Si en todos tus dichos, actos y acciones haz mantenido el equilibrio entre los excesos y los defectos sin inclinarse el fiel de la balanza, habrás vivido en el marco de la Ética.”
Gustavo Enrique Wierna.


 
 






Adquirir un título como profesional en determinada materia, implica además asumir una gran responsabilidad, ya no sólo como persona unitaria sino también como un ser social que incursiona en una colectividad para desempeñar una tarea específica. Dicha tarea, será la que el profesional tendrá que defender y sacar adelante bajo el requisito indispensable de la deontología, o como es bien conocida, la “teoría del deber’.
Así pues, según lo estipulado en algunos códigos de ética, la deontología es aquel conjunto de normas morales que se debe respetar en el ejercicio de una profesión, dado que, la disciplina profesional sanciona los comportamientos que violan esta regla moral, tanto si se encuentran en las leyes, los reglamentos y códigos penal, civil, como si no lo están[1].
Por su parte, el diccionario de la Real Academia Española, certifica que la deontología es aquella ciencia o  tratado de los deberes y obligaciones morales que tiene un profesional, por tanto, es propiamente el ser humano quien da paso a la ejecución de tal requisito, “es él el único sujeto de la Ética, el único ser vivo que posee la capacidad de diferenciar el bien del mal y de obrar según su libre elección”[2]
Es precisamente esa facultad, la que remite, en este texto, discutir a cerca los periodistas, quienes tienen el compromiso no sólo de transmitir mensajes serios y confiables, sino además comunicarlos de una manera responsable y profesional. Los medios de comunicación ameritan una profunda reflexión sobre su ejercicio y el accionar mismo de aquel comunicador periodista que lo lleva a cabo, ante la orientación del bien común y el servicio de la dignidad humana.
Hablar de ética y de ese “deber ser” de la humanidad, permite dejar en claro  que en el periodismo, a diferencia de otras profesiones, la ética y la técnica laboral no están divorciadas, sino que por el contrario son una misma cosa. Es decir, un periodista no podría, de ningún modo, ser un buen profesional en lo que hace si el proceder de sus conductas con el oficio es reprochable. Es por ello, que en el periodismo, según María T. Herrán y Javier D. Restrepo, una falla en los principios éticos repercute necesariamente en las calidades técnicas del periodismo.[3]
Sea quizá por ello, que esta profesión se denota como una de las más arduas de realizar, pues, con que un solo periodista se equivoque en su quehacer, su falta repercute inmediatamente en cuestiones inadmisibles ante millones de individuos, que son de primera mano quienes lo leen, lo ven y lo escuchan.  “Ser periodista no es fácil, es una labor de constancia más que de repentismos, y el público en general percibe la diferencia”[4].
Actualmente, no es un total desconocimiento el pésimo desarrollo que se le da a la información y por el contrario, es evidente cómo el periodismo pierde credibilidad día con día, al igual que muchos periodistas. Pero, ¿por qué se da esto? Paula López, periodista colombiana, considera que el principal factor que incide contra la credibilidad "es el económico", pero enseguida incluye otros como "la presión del jefe, que ejerce su función como tal; el medio como grupo empresarial; el director o el círculo de amigos de éste a la hora de escribir sobre determinados temas"[5].
Razones habrían de sobra para justificar malos periodistas y por ende, un deficiente periodismo, pero este hecho no es más que el reflejo de una pérdida ética y moral hacia el oficio mismo. Muchas veces se piensa que por ser el primero se es el mejor, y no hay nada más errado que esto cuando de comunicación se trata. En Colombia, estos profesionales caen en errores tan vagos como el afán, que sólo se preocupan por conseguir la chiva, más no por ser periodistas de calidad.
Aunque, también es necesario precisar que en este oficio hay gran cantidad de personas que pisotean la profesión, creyendo vilmente ser periodistas por el simple hecho de tener un micrófono en mano o una cámara en frente. La sociedad irónicamente se ha creído el cuento que toda persona que se dirige a una masa, tiene la facultad de ser llamado periodista y esa es, justamente, la llaga que molesta el ejercicio ético y responsable de los buenos periodistas.
“El político, la reina de belleza, la animadora, el locutor, se improvisan como periodistas de la noche a la mañana… y ejerce entonces un periodismo que busca lo espectacular y sensacionalista en vez de lo investigativo y lo perdurable, y que no se interesa en los principios de la ética de la profesión”[6]. Con esto, no se pretende, de ninguna manera, menospreciar la labor que se ejecuta desde estos otros oficios, pero sí dejar constancia que el periodismo no es juguete que se arma y desarma por cualquiera y menos en un abrir y cerrar de ojos.
Lo anterior, no quiere decir que los periodistas sean profesionales con una ética superior a la de otras personas u otros profesionales de diversas áreas, sino que, como se expresó en párrafos anteriores, la ética y la técnica laboral, en periodismo, no están divorciadas, por el contrario, son una misma cosa. Así mismo, los códigos de ética estipulados para estos profesionales, tampoco son “normas de conducta que implican desconocer las generales que rigen a la totalidad de los habitantes, sino que son reglas dictadas para lograr una mayor calidad en los servicios, y evitar comportamientos que puedan dañar la imagen de la profesión”[7].
Si bien, cada individuo podría decirse recibe una formación ética y moral desde el hogar, aquel sujeto al que se llama periodista es quien tiene claro que lo fundamental de la ética de los periodistas es “informar veraz, exacta amplia y oportunamente, además de difundir, exigir y defender de manera proactiva los derechos y deberes personales y colectivos”[8] y que no, por el contrario, es una mercancía hecha para vender. El “periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda”[9], por ello, el requisito indispensable de todo periodista es la deontología.


[1] Código deontológico. Capítulo 1. Principios, definición y ámbitos de aplicación. En: Diplomado en medicina legal. [Online]. Disponible en: http://medicina.usac.edu.gt/clinicas2/codigo.pdf Citado el 17 de mayo de 2012.

[2] WIERNA, Gustavo Enrique. Ética y deontología. Universidad de Salta, Argentina. Septiembre de 2003.  [Online]. Disponible en: http://issuu.com/oscuvilca/docs/libro-de-etica-y-deontologia-gustavo-enrique-wiern Citado el 18 de mayo de 2012.

[3] HERRÁN, María Teresa y RESTREPO, Javier Darío. Ética para periodistas. 2ª edición aumentada. TM Editores. Febrero de 1995. Pág. 39. ISBN 958-601-590-4

[4] Ibid., pág. 46-47.
[5] RODRÍGUEZ, Daniel y otros. La credibilidad periodística en crisis. Voltairet-Org. 05 de enero de 2006. [Online]. Disponible en: http://www.voltairenet.org/La-credibilidad-periodistica-en Citado el 18 de mayo de 2012.

[6]HERRÁN, María Teresa y RESTREPO, Javier Darío. Ética para periodistas. 2ª edición aumentada. TM Editores. Febrero de 1995. Pág. 46. ISBN 958-601-590-4
[7] WIERNA, Gustavo Enrique. Ética y deontología. Universidad de Salta, Argentina. Septiembre de 2003.  [Online]. Disponible en: http://issuu.com/oscuvilca/docs/libro-de-etica-y-deontologia-gustavo-enrique-wiern Citado el 18 de mayo de 2012.

[8] FAUNDES, Juan Jorge. El rol de los periodistas y su marco ético. Sala de prensa: web para profesionales de la comunicación iberoamericanos. Febrero de 2006. [Online]. Disponible en: http://www.saladeprensa.org/art656.htm Citado el 18 de mayo de 2012.

[9] VERBISKY, Horacio. Un mundo sin periodistas. Buenos Aires. Planeta. 1998. Pág. 16.